De la autoría de la etnohistoriadora Emma Pérez Rocha el libro “La villa y el hombre en la Villa de Tacuba durante la época colonial”, que ahonda en los problemas derivados por la pertenencia de la tierra fértil de esa región, cuenta ya con una segunda edición que será presentada mañana en el Museo Nacional de Antropología.

El materíal da cuenta de la riqueza estratégica de la Villa de Tacuba, sus características geográficas, la irrigación de sus aguas y el tipo de tierra le confirieron a esta área, que formó parte de la región tepaneca en la época prehispánica, una importancia económica destacable.

De acuerdo con la autora, para esta reedición se incluyó información sobre la dinámica de la comunidad indígena, resultado del estudio de sus mayordomías y cofradías, además de consignar los cambios físicos que sufrió la iglesia de San Gabriel Arcángel, así como develar datos sobre algunos trabajos arqueológicos que se han hecho en la zona.

Oriunda de Tacuba, Emma Pérez Rocha recordó que fue durante sus estudios en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), que el historiador Carlos Martínez Marín la exhortó a estudiar este territorio, dado el poco conocimiento del área tepaneca, concretamente en Tacuba, y las influencias que tuvo en la región.

Lo que la etnohistoridora descubrió es que a la llegada de los españoles, el territorio tepaneca abarcaba lugares distantes de la Cuenca del Valle de México, como Tlalnepantla, Huxquilucan, incluso hasta el Valle de Toluca; para los siglos XVIII al XIX, esa área se fue comprimiendo hasta quedar en lo que fue la Villa de Tacuba, y en el siglo XX, en la colonia que actualmente conocemos.

“En esta edición definimos el territorio que abarcaba la región tepaneca en la época prehispánica y la de la Villa de Tacuba en la Colonia, lo que pudimos hacer gracias a los datos localizados en documentos como el Memorial de Tlacopan, los códices Osuna y el Mendocino, así como la Matrícula de Tributos, que también nos develaron la estructura de lo que fue este lugar”, indicó.

Al indagar en el Archivo General de la Nación (AGN) y en el Parroquial de Tacuba, se encontró una gran cantidad de acervo documental sobre el manejo, división y tenencia de la tierra, ya que, debido a lo fecundo de los terrenos, rodeados por la serranía de los Montes Bajo y Alto, y a un sistema hidráulico de gran magnitud, estos territorios fueron motivo de disputas entre indígenas y españoles.

Esta situación trajo consigo numerosos conflictos territoriales, debido a dos visiones sobre su uso y aprovechamiento: la privada (españoles e Iglesia) y la comunitaria (indígena), además se fundaron un sinnúmero de ranchos y haciendas que envolvieron, en varios casos, a los pueblos y barrios de la Villa de Tacuba.

Otro apartado importante que se añade en esta segunda edición es el dedicado al desarrollo de determinadas instituciones coloniales civiles y religiosas, como las cofradías y mayordomías, abundó en declaraciones al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

Sobre las mayordomías, Pérez Rocha resaltó que cada una estaba relacionada con los 14 barrios de esa zona donde atendían cuestiones sociales, como la posesión y comercio de la tierra. Posteriormente, surgen las cofradías, agrupaciones de carácter religioso, siendo la del Santísimo la primera de ellas, fundada en 1596 en Tacuba, la cual estaba integrada, en su mayoría, por indígenas rurales.

Este volumen también cuenta con un texto relativo a los cambios físicos que ha experimentado la iglesia de San Gabriel Arcángel de Tacuba, desde la época colonial a la actualidad, el cual fue escrito por la autora del volumen y por la doctora en historia y etnohistoria María Teresa E. Serrano Espinosa.

A raíz de las obras de la Línea 1 del Sistema de Transporte Colectivo Metro, en 1971 se le quitaron algunos adosamientos a la iglesia, que no eran parte de la construcción histórica. Allí se descubrieron algunas columnas que indicaba que el templo tuvo una planta o base de tipo basilical (de tipo romano, con una nave principal cuadrada y otras laterales más bajas con filas de columnas), y no de cruz latina como es actualmente.

También se agregó un texto sobre los trabajos arqueológicos que se han hecho, dado que priva el desconocimiento; lo poco que se sabe es gracias al trabajo de Manuel Gamio.

“Posteriormente, los arqueólogos Rubén Manzanilla, Fernando Miranda y Carlos Teja realizaron trabajos frente a la iglesia (donde ahora se ubican los puentes de Tacuba), gracias a los cuales se pudo conocer la existencia de estructuras como ‘El Cerrito’, un basamento arqueológico construido en una elevación donde después se edificó una casa de tipo neoclásica, conocida como ‘El Castillo’”.

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