Cervantes y el “Quijote” una lección de buen gobierno

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Dada la situación actual del mundo, resulta muy oportuno recuperar el pensamiento de Cervantes como el mejor homenaje que podemos tributarle, cuando se cumplen cuatrocientos años de su muerte.

Ahora más que nunca es necesario rescatar a Cervantes, para resucitar a través de dos personajes, Don Quijote y Sancho Panza, los valores universales que rigen la convivencia social y el buen gobierno.

Cervantes, a través de Don Quijote, un hombre que ha perdido la razón, denuncia la corrupción moral del siglo XVI especialmente la falta de justicia, burlando así la censura de la época, la Inquisición y la monarquía absoluta.

Un libro de entretenimiento se dijo del Quijote y, sin embargo, en solo dos capítulos, nos ofrece todo un ejemplo de buen gobierno democrático y popular encabezado por Sancho, genuino representante del pueblo. Nunca se vieron reunidas antes un conjunto de normas tan acertadas, tan reflexivas y ecuánimes como las pronunciadas por el personaje de Cervantes en la víspera de su marcha a la ínsula Barataria.
Dada la actual situación política resulta muy revelador recuperar el pensamiento de Cervantes como mejor homenaje que podemos tributarle cuando se cumplen cuatrocientos años de su muerte.

Ahora, más que nunca, podemos volver a sus personajes más universales, Don Quijote y Sancho Panza, y en concreto al discurso que don Quijote le dio a su fiel escudero cuando éste fue nombrado gobernador de la ínsula Barataria, todo un tratado de carácter filosófico y espiritual, donde el autor repasa todos los valores, virtudes que deben regir la conducta humana para conseguir una buena convivencia y mejor gobierno.

Se trata de dos capítulos, 42 y 43, en especial el primero, de la Segunda parte de la obra de Don Quijote de la Mancha, publicada en 1615, un año antes de su muerte

Miguel de Cervantes Saavedra (Alcalá de Henares, 29 septiembre 1547 – Madrid, 22 abril 1616) es el escritor más importante y admirado de la lengua española, sobre todo por su obra magna, “El Quijote”, publicado un año antes de su muerte. Y lo es principalmente porque describe como nadie la naturaleza humana, con sencillez y comprensión, y porque afirma una forma especial de ver el mundo.

Conoce las debilidades y grandezas del alma humana y esto le conduce a la comprensión de los hombres a la hora de juzgarlos.

Estos consejos son el resultado de la propia experiencia de la vida. Cervantes pone en boca de Don Quijote todos sus conocimientos que adquirió en su vida como consecuencia de una infancia convulsa, su vida en Italia como soldado, sus cinco años de cautiverio en Argel y, después, sus años de negocios y problemas con la Justicia.

Al igual que el hidalgo de su obra diera con la Iglesia, Cervantes dió con la Justicia cuando era recaudador de abastos para la Armada Invencible, y hasta estuvo encarcelado en varias ocasiones, en Sevilla y en Córdoba, lo que le añadió un valor más profundo a su condición de gran conocedor de la sociedad en la que vivía.

Aquello le permitió emitir en su obra magna, sus opiniones sobre los funcionarios de Justicia de la época (siglos XVI y XVII), entre los que la incapacidad y la corrupción eran más que común. Y Cervantes parece despacharse a gusto, y burla toda censura, gracias a un hidalgo que ha perdido la cordura y un rudo, pero fiel, hombre de campo.
cervantes 2PENSAMIENTO CERVANTINO, 400 AÑOS DESPUÉS.

El capítulo 42 está lleno de sabiduría y tino. Cervantes nos ofrece todo un ejemplo de buen gobierno encabezado por Sancho, genuino representante del pueblo. Nunca antes encontramos reunidas en una novela todo un conjunto de ideas de tanta altura moral e intelectual, todo un pensamiento crítico y actual como el expuesto por Don Quijote con motivo del nombramiento de Sancho como gobernador de la ínsula Barataria.

El texto se sitúa en la tercera salida de Don Quijote y Sancho cuando son acogidos en su palacio unos aristócratas aragoneses, Los Duques que alrededor de una humillante farsa caballeresca chantaje al crédulo Sancho con la promesa de ser nombrado gobernador.

Por esta razón, Don Quijote quiere enseñar a Sancho cuna serie de consideraciones de carácter filosófico y espiritual, a modo de maestro o guía, para el difícil camino de la política, a la que llama “golfo profundo de confusiones”, indicaciones para un hombre como Sancho, pero que bien servirían para todos nosotros, cuatrocientos siglos después.

El primer consejo, dada la época, y en plena Contrarreforma católica, no podía por menos que reconocer la existencia Dios. El hombre debe tener en cuenta su débil condición, no ser orgulloso y aceptar la existencia y presencia de Dios en su vida. Sin embargo no especifica ninguna religión.

El segundo, “Conócete a ti mismo”, es sin duda el más importante, y complicado de conseguir, ya que conocerse así mismo implica una gran valentía. Para ello indica que debemos ser modestos, desterrar la soberbia, y conocer de nuestras posibilidades, pero también nuestras limitaciones.

“Préciate más de ser humilde virtuoso que pecador soberbio”, es la célebre frase con la que Don Quijote le pide a Sancho humildad. Que se adelante a las posibles críticas de los demás, exponiendo sus equivocaciones. Este discurso se centra en la moral y en la virtud como la gran base de todo.

“La sangre se hereda y la virtud se aquista” (adquiere). Don Quijote no pierde ocasión para ataca a la aristocracia rancia, a la nobleza vaga que vive de sus blasones, de su sangre y le dice Sancho que no envidie nunca a nadie por su linaje, que el único linaje es el que se adquiere por la virtud propia, la que nace del esfuerzo y no de la cuna “porque la sangre se hereda y la virtud se aquista y la virtud vale por sí sola lo que la sangre no vale”.

Le advierte del peligro de aplicar la llamada ley del Encaje, es decir lo que se entiende por el juicio que se forma el juez sin ceñirse rigurosamente a la ley, es decir el prejucio, y por lo tanto le insta a ser sensato y moderado a la hora de juzgar, ni disciplina extrema ni todo pasión, le viene a decir.

Sobre la Equidad, le advierte lo duro que le será no errar en el buen gobierno, para no castigar al inocente y creer al culpable por lo que pide que actúe con imparcialidad.

Sobre el engañoso binomio esencia-apariencia, le viene a decir que anteponga siempre la esencia de la persona a su apariencia externa, y que no se deje seducir por ésta.

Sobre el castigo introduce una honda reflexión: “Al castigar con obras, no tratar mal con palabras”. No se puede ser más sensible y recto: cuando se castiga con una pena, es decir con una acción, indica que no hay que sumar otro castigo usando malas palabras.

En otros puntos reflexiona sobre el poder de la piedad, la clemencia o la misericordia, es decir sobre la necesidad, ante una situación extrema, de acercarse al hombre por encima de sus errores y ser capaz -incluso- de ascender por encima de la condición miserable.

Llega incluso Don Quijote a advertirle a Sancho “cuando sucediere juzgar algún pleito de algún enemigo”, en que no caiga en juicios guiados por la pasión o el odio, que en esos casos sea justo y evite toda venganza o represalia.

Son dos capítulos llenos de sabiduría y experiencia de la vida, donde se concibe a los miembros de toda sociedad, ciudadanos, dirigentes, o legisladores, bajo una norma común, con derechos y deberes, principios sobre la que se asienta la sociedad moderna.

Estas consideraciones resultan todavía útiles, son atemporales, y en ellas Cervantes advierte de los vicios del poder como la corrupción, la arbitrariedad, o la prepotencia.

Unas cualidades a las que los políticos deberían aspirar. Han llegado al poder una serie de personajes que, como dice Don Quijote, “sin saber cómo ni cómo no, se hallan con el cargo y oficio que otros muchos pretendieron”.
cervantes 3EL PUEBLO ESPAÑOL PERSONIFICADO EN SANCHO PANZA.

La intención de Cervantes, no fue sólo plantear unas aventuras de un heroico personaje con un trasfondo filosófico y satírico social, sino que puso toda su intención -y su lamento- en criticar los vicios de su época, una sociedad perdida entre dos siglos, XVI y XVII, sin referencias y en decadencia.

Así, detrás de la aventura quijotesca, de ese “libro de entretenimiento”, Cervantes arremete contra los vicios de su época, una sociedad a caballo entre dos siglos, injusta y en decadencia. Frente a ello, Cervantes propone un gobierno basado en la virtud y en una única justicia igual para todos, una sociedad ideal -de ciudadano y de gobernante- honestos.

Hoy, cuatrocientos años después, estos consejos podrían servir en cualquier ámbito del poder por estar cimentados en valores inmortales, universales, como la justicia social, la igualdad, la virtud, el trabajo, la honestidad y el respeto, como garantes de cualquier actividad pública.

El Quijote, en suma, alienta el alma de ese hombre-héroe bajo el ingenioso disfraz de una supuesta locura -necesaria para su autor- y mientras Sancho encarna al pueblo español, con toda su crudeza y grandeza, don Quijote lo lleva tras de sí, un pueblo al que profesa tanto respeto y amor, que hace de él, su misma razón de ser, “el deber”, y a él se entrega.

Fuente EFE

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