La desesperación tiene muchos rostros y el programa on-line que propongo trata sobre algunos de ellos. Un cortometraje, La crisis (filmin), y un largometraje, Night Moves (mubi), que ponen en escena los gestos de la desesperación como efecto de sendas debacles, la económica y la medioambiental. Ni que decir que ambas formas de crisis nos tocan ahora muy de cerca.

Empezamos por el largometraje, dirigido por Kelly Reichardt en 2013, pero nunca estrenado en España. De hecho, de los siete y esenciales largometrajes de esta directora norteamericana, piedra de toque del rostro independiente del siglo XXI, apenas se ha estrenado uno en salas comerciales españolas. Se trata de Certain Women (2016), aunque solo fuera porque su reparto lo formaban tres estrellas como Kristen Stewart, Laura Dern y Michelle Williams. El hecho de que Jesse Eisenberg sea el protagonista de Night Moves al parecer no fue suficiente para atraer a los distribuidores españoles. Puede verse el fin de semana en la plataforma Mubi. Descubrirán no solo una de las escasas películas que aborda la crisis planetaria desde una postura moral respecto al eco-terrorismo, también el movimiento pendular de una película que escapa a la noción del thriller jugando con sus mismos elementos (el suspense, la atmósfera nocturna, el destino tráfico, etc.) y desactivándolos en una película de autor sobre el empleo de la violencia como forma de militancia. Es la crónica en dos partes, el antes y el después, de un ambientalista radical que hace volar una presa junto a otros dos ecologistas. El acto de “protesta” tendrá efectos colaterales inesperados.

Reichardt rueda este drama, más cercano a los formatos de género que cualquiera de sus otras películas, con una precisión rítmica de aparente calma que poco a poco va añadiendo capas de significado a una angustiante crónica moral. En sus entrañas encontramos una de las secuencias que mayor tensión con menos elementos es capaz de crear: el atentado bajo nocturnidad y alevosía. Y justo después, cuando el grupo huye en coche tras el “trabajo”, mediante un detalle fotográfico, permanecen inmóviles aunque el coche parece que avanza por la carretera. Detalles de este tipo nos informan de la sensibilidad de una extraordinaria directora que sabe utilizar la puesta en escena para describir el estado interior de los personajes.

Eisenberg es un rostro desesperado, cuyo personaje recorre un trayecto silencioso de la ira y el aislamiento a la neurosis y la paranoia. El actor carga con el peso del drama (y de la película) a sus espaldas, que parece caminar cada vez más hundido a medida que su desesperación se abisma y cambia de forma. La noble causa del activismo ecológico, genuinamente desesperado, muta a la conciencia del crimen y la fuga de la sociedad y de sí mismo. Night Moves dibuja un escenario en el que el valor de la vida, cualquier vida que sea, está por encima del valor de las ideas, por nobles o necesarias que sean.

Con La crisis, Pedro Aguilera y Juan Sardá entregan uno de los cortometrajes más brillantes y enérgicos del cine español en los últimos años. Su energía también está propulsada por la desesperación, la de un arquitecto treintañero en bancarrota que debe alquilar su propio piso a turistas como único medio de vida. En una angustiante contrarreloj, debe dejar la casa habitable (le han cortado la luz y el teléfono por impago, y lleva también varios meses sin pagar la “hipoteca reconducida” de la vivienda) para que en unos días pueda alojar a una turista americana. Se ve forzado así a empeñar todo lo que puede, mayormente su colección de DVD, y a mantener desesperadas conversaciones telefónicas con el banco y demás acreedores. No solo algunos elementos de la trama, pero sobre todo la angustiante atmósfera que consiguen evocar Aguilera y Sardá, recuerdan la ansiedad y tensión de Diamantes en bruto. El corto se rodó en todo caso muchos meses antes del estreno del último film de los hermanos Safdie.

Si en Night Moves el peso dramático recae sobre Jesse Eisenberg, en La crisis es el actor Francesco Carril quien ocupa el centro gravitatorio de un drama que retrata con crudeza y humor punzante un fragmento de vida desesperada llevada al extremo de la supervivencia. No es una crónica de barriada ni de una minoría social, es la desesperación inconsolable de un trabajador golpeado por la debacle económica que a su modo representa toda esa clase media empobrecida hasta el límite de renunciar a su dignidad y autoestima social. El impulso autobiográfico que pueda tener el film, cuyo guion firma el periodista y escritor Juan Sardá, adquiere una naturaleza universal y plenamente identificable como retrato de un país en bancarrota y desesperado. La ironía y el comentario político quedan encapsulados en la voz de Antonio Molina cantando la copla Como en España ni hablar con la que abre y se despide la película, mientras afuera en la calle alguien a quien solo escuchamos (¿el propio Sardá?) grita: “¡¡¡Por favor, por favor, por favoooooor…!!!!”

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