(SPI / Kaleydoscopio).- Los padres que dejan pasar todo a sus hijos y les permiten saltarse las reglas más elementales, que “carecen de la fuerza para detener la impulsividad de los niños… (porque) es más fácil ser consecuente y hacerse de la vista gorda”, se les conoce como “padres malvavisco”, dice la maestra Susana Salazar Gómora.

Las consecuencias pueden ser varias y una es que “los pequeños nunca aprenderán a tener autocuidado básico, vivirán sumergidos en el berrinche y serán dependientes de sus padres y de los demás”, explica la coordinadora del Centro de Especialización de Estudios Psicológicos en la Infancia (CEEPI).

La especialista deja en claro que “si los padres de familia son consentidores y no fomentan la disciplina de sus hijos pequeños, con certeza ellos tendrán una adolescencia llena de frustraciones”.

Para los papás y mamás que “van por esta línea de educación, aseguran una vida adulta poco alentadora desde el punto de vista emocional para sus niños:

“Serán adultos sin tolerancia a la frustración, narcisistas y desafiantes a la autoridad.”

Nadie debe olvidarse que una de las tareas principales de los papás es precisamente fijar las fronteras: “dar amor no es dar todo, implica brindar amor incondicional pero sobre todo establecer hábitos, reglas y disciplina que con el tiempo brindarán a la familia una mayor armonía”.

El caso es que, dice la coordinadora, la mayoría de los niños que carecen de límites no pueden identificarse ni reconocen sus fortalezas ni debilidades.

“No sólo son difíciles de educar, muestran escaso respeto por sus padres, por las figuras de autoridad, y no toman en cuenta las normas (no sólo en la casa: en la escuela, en lugares públicos).”

En el CEEPI se han detectado otras manifestaciones: desarrollo de trastornos del sueño y padecimiento de pesadillas. Tienden al aislamiento social, y como son niños o jóvenes problema, son rechazados.

El centro recomienda a los padres de familia:

Los límites permiten a los padres comunicar lo que se espera de sus hijos sin dar lugar a malos entendidos.

Los padres que fijan límites no caen en contradicciones o dobles mensajes: la figura paternal o maternal es sólida y la consecuencia es que hay amor y respeto.

Los padres organizados son constantes, disciplinados consigo mismos, por encima de todo conocen y creen en la importancia de las reglas.

Saben que las reglas corrigen, protegen y aseguran el bienestar físico y emocional de los pequeños.

Los límites son la base del orden, regulan el ir y venir de los niños por la escuela, por la casa, y por la vida.

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