Viajar al interior, al corazón de la música, y hacerlo de la mano de una de las batutas más consagradas y admiradas del planeta, el venezolano Gustavo Dudamel, es posible con la realidad virtual: se asistirá como espectador a los recovecos más íntimos y espontáneos de una gran orquesta. Ese es el objetivo y la inspiración de un ambicioso proyecto tecnológico impulsado por la Fundación La Caixa y que precisamente se llama Symphony: Un viaje virtual al corazón de la música, que se presentó en Barcelona con el fin de difundirse en varias ciudades de España y Portugal, a partir de ahora, durante 10 años.

Aunque la manera de asistir como espectador al documental, proyecto tecnológico o experimento –todavía sus creadores definen qué es– es relativamente sencilla: un pequeño cubículo en el museo, lentes de realidad virtual y el ambiente propicio para aislar al espectador durante unos minutos con el fin de trasladarlo a una realidad ajena a la suya. Y así, ese visitante que se pone los lentes, en un abrir y cerrar de ojos se encuentra de repente en el escenario del Gran Teatro del Liceo de Barcelona, España. Está sentado en una butaca y justo delante se encuentra, con su batuta y sus largos rizos, el maestro Gustavo Dudamel, que le da la bienvenida. Comienzan a llegar el resto de los músicos, los violines, los contrabajos y otros pesados instrumentos, las violas, los instrumentos de viento, las percusiones y, así, hasta que se completa la orquesta, en este caso la Mahler Chamber Orchestra, que es la que participó en el experimento.

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El espectador es testigo directo de esos minutos previos al comienzo de un concierto, y de esos segundos intensos y de denso silencio que preceden a la primera nota musical. En el caso del documental, se trata de esas primeras cuatro notas con las que se inicia la Quinta sinfonía de Ludwig van Beethoven, una obra mayúscula en la historia de la música y que fue seleccionada en gran parte inspirados por aquel experimento de la NASA en 1977 con la que se pretendía explicar a los extraterrestres cómo éramos los seres humanos.

Desde que el espectador se pone los lentes de realidad virtual mirará a cualquier parte, en una perspectiva de 360 grados, con la cual tendrá numerosas versiones de lo que supone vivir un concierto desde el interior de una orquesta. Podrá ver, además, los gestos, los nervios, la forma de colocar las manos, la mirada que pocas veces dedica el director a sus músicos. Es una nueva forma de acercar al espectador a la música clásica; de hecho, ese es el punto de partida de un proyecto que se inició hace un lustro, impulsado por el guionista y director Igor Cortadellas y que contó con el apoyó de la Fundación Caixa.

Gracias a la fundación fue posible involucrar en el proyecto a Gustavo Dudamel, un director de orquesta siempre interesado en la innovación y las nuevas tendencias en el mundo de la música. Sobre todo, al saber que pretendía la divulgación de las inmensas y variadas virtudes de la música, apoyándose en la tecnología más vanguardista, con el propósito último de que el espectador realice un viaje emocional, catártico, y, además, rindiera homenaje a un compositor como Beethoven en el 250 aniversario de su nacimiento. También se incluyen pasajes de obras de Gustav Mahler y de Leonard Bernstein, con el fin de evocar paisajes sonoros que van desde una calle de Nueva York el mar Mediterráneo hasta unos cafetales en Colombia.

Dudamel explicó durante la presentación del proyecto que “cuando nos sentamos a soñar sobre lo qué queríamos conseguir con este proyecto, vimos muy claro desde el principio que compartíamos tres creencias principales: que la música puede transcender nuestras diferencias, propiciar el empoderamiento individual y promover la integración social.

Este proyecto es una encarnación perfecta de aquellos valores compartidos, una exposición móvil que ofrecerá a decenas de miles de personas acceso a la música sinfónica y, espero, suscitará una mayor apreciación de esta forma de arte. También deseo que enriquezca e inspire a las personas que estuvieron implicadas en la preparación e interpretación de esta maravillosa, y un poco alocada, producción.

El director del proyecto, Igor Cortadellas, expresó que “ha sido muy emocionante ver cómo se han ido sumando equipos, creando alianzas, complicidades, compartiendo la ilusión de hacer este proyecto tan grande, pero que al final tiene la fragilidad y la delicadeza de una pequeña caja de música. Symphony es una invitación a cruzar el umbral del mundo de la música, puerta de acceso a un universo sin límites que contiene la expresión más pura del espíritu de la humanidad”.

La pretensión de La Caixa es que el proyecto sea visto por más de 200 mil personas, a lo largo de la próxima década en la que viajará, al menos hasta ahora, sólo por ciudades de España y Portugal.

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