En las seis áreas del mundo antiguo donde se dio el paso al Estado, a la complejidad sociopolítica, fue en Mesoamérica donde se fraguó una tradición común con base en la diversidad, aseguró Linda Rosa Manzanilla, miembro del Colegio Nacional e investigadora titular del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM.

“En el área andina, tenemos las dos manchas étnicas Mara y Quechua; en Mesopotamia, tenemos a los Sumerios y Acadios; y Mesoamérica es un conjunto de grupos étnicos, lingüísticos y la interrogante es ¿Cómo se fragua una identidad común, cuando esta se sustenta en la diversidad?”, dijo en entrevista a Notimex.

La investigadora reveló que los primeros pueblos sedentarios reportados de la también llamada “América media”, término que se propuso para referirse a un espacio cultural que abarca desde la parte meridional de México hasta Costa Rica, se gestaron entre cinco y tres mil años.

“Contrastando lo que sucede en el centro de México, donde surgen grandes capitales multiétnicas, Teotihuacán es la primera, Tenochtitlan es la última, pero la ciudad de México, es parte de esa tradición de grandes capitales.

“No hay registro de cuántos pueblos y grupos existieron, porque apenas la arqueología está abordando la diversidad con base en técnicas muy sofisticadas del siglo XXI que la ciencia nos ha dado”, dijo.

La especialista refirió que esta región cultural del Continente Americano vio el desarrollo de una civilización indígena en el marco de un mosaico de gran diversidad étnica y lingüística, incomparable en todo el mundo.

Con un amplio mosaico de lenguas y etnias, mismas que estuvieron presentes durante la época prehispánica, a la par su correlato en las numerosas culturas indígenas que se desarrollaron en diversas zonas y tiempos, Manzanilla rechazó que la máxima expresión de Mesoamérica fuera la cultura mexica.

“No creo, hay diferentes civilizaciones, dejaron una impronta en esa tradición, la Teotihuacana es una de las básicas; porque Tenochtitlan es un heredero de la tradición de Teotihuacán, los Toltecas son intermedios.

“Los Zapotecas son otra forma de esa complejidad social y económica, es otro Estado; las culturas del golfo tienen un sello y la maya con todos sus pueblos y territorios son otros símbolos de esa complejidad”, subrayó.

Y es que para la investigadora de la Universidad Nacional Autónoma de México, existen dos formas de constituir estados en Mesoamérica, los más comunes, “aquellos que tienen un solo gobernante a la cabeza, por ejemplo, los estados mayas que tiene pirámides sociales muy complejas, con una persona a la cabeza que está concebida como una deidad”.

“Pero Teotihuacán y otros estados que son excepciones, fraguan una estructura corporativa, quiere decir que los grupos son más importantes que los individuos y por lo tanto no tienen a un gobernante a la cabeza, sino un consejo de gobierno, entonces, tenemos dos formas de Estado y la cuestión aquí es entender cómo se dio la dinámica entre estas dos formas de gobierno”, explicó.

Rechazó que la cultura Olmeca fuera la Cultura Madre en Mesoamérica y sostuvo que ello, es una manera de referirse al primer momento de jerarquía social.

“Es solo una manera de referirse al primer momento de jerarquía social que son los sitios olmecas, es decir, como el primer paso a la complejidad; y sin duda alguna los olmecas lo representan muy bien, pero no son un estado, sino un cacicazgo con jerarquía social, pero no un Estado con capitales formales, con gobierno institucional, con ciudades, no está en ese momento, es un previo al Estado”, detalló.

En cuanto a las aportaciones y legado de Mesoamérica al mundo, Manzanilla se refirió a la agricultura.

“El maíz es un ejemplo, jitomate, frijol doméstico y una serie de elementos, algodón para vestimenta de elites, pero sobre todo una manera de concebir esta tradición donde se entretejen los pueblos, es crear una tradición común, es fraguado por un crisol de diferentes pueblos, y eso es único en el mundo antiguo, o ¿hay otra civilización que haya hecho algo similar?”, concluyó.

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