Yanireth Israde/Agencia Reforma

El poeta valenciano Francisco Brines atesora crepúsculos. Aquel atardecer que preludia la noche -la vida frente al ocaso- resplandece en la obra del ganador del Premio Cervantes 2020, anunciado ayer por el Ministerio de Cultura y Deporte de España.

“Canto a la alegría desde la añoranza, y entonces la celebro. No cuando la vivo sino cuando la he perdido. La celebro como un esplendor que ya no está y que es deseable que volviera a estar”, ha dicho el autor de 88 años, propicio más a la noche que al amanecer.

Él escribe desde la “intemperie de la vida”, apunta en entrevista Marcela Romano, docente de Literatura y Cultura españolas en la Universidad Nacional de Mar del Plata, Argentina, al destacar cómo el autor conjuga ese implacable transcurrir del tiempo con el gozo del trayecto.

“Tiene una percepción muy aguda y muy pesimista del tiempo que huye. Entonces su poesía está hecha, por un lado, de ese sentimiento de fugacidad de todo lo que existe y, al mismo tiempo, la certeza de que, como todo lo que existe termina, no hay trascendencia posible.

“Hay una poética también del goce de vivir, una poética muy sensorial, en algún sentido general -y particular también- erótica. Él dice siempre que la vida es un paréntesis entre dos nadas. Entonces, en ese paréntesis hay que vivir con intensidad”, expone vía telefónica desde Buenos Aires la autora de Una obstinada imagen, Políticas poéticas en Francisco Brines.

Hijo de un comerciante de naranjas, Brines nació en Valencia en 1932. Aunque su padre era “hombre de acción”, alejado de la literatura, respetó su interés por ella, ha reconocido con gratitud el autor, quien ayer, al enterarse del galardón, evocó a su madre.

“He pensado que mi madre estaría muy contenta, le habría dado mucha alegría, porque alguna vez pensó que yo iba por donde quería; creía que no iba por el mejor camino y al final ha resultado que ha sido el mejor”, valoró Brines durante una entrevista con El País desde su casa de Elca, rodeada de naranjos, en la población de Oliva.

“Yo diría que creo que soy un poeta de verdad, quiero decir, y esto es importante para mí, que la poesía nace de dentro de mí. Es como una gracia que viene del cielo sin esperar nada. Miramos arriba, pero también tenemos que mirar abajo, porque la tierra es cielo, y entre los dos está el aire, y ahí es donde estamos todos”, expresó el también ganador del Reina Sofía de Poesía Iberoamericana en 2010.

Brines, licenciado en Derecho, Filosofía y Letras e Historia, académico de número de la Real Academia Española, pertenece a la Generación de 1950, de la que formaron parte, entre otros, Claudio Rodríguez, Ángel González, José Agustín Goytisolo, Jaime Gil de Biedma, Carlos Barral y José Ángel Valente.

Influido por Juan Ramón Jiménez y Luis Cernuda, es también un poeta de tonos clásicos, observa Romano.

“Recoge mucho de la tradición grecolatina. Hay toda una formulación meditativa muy propia en él, que también en un punto lo puede distinguir de otros poetas”.

Aunque elegíaco, es, al mismo tiempo, vitalista, enfatiza la académica.

“Y dentro de ese vitalismo hay mucha sensorialidad porque él, sobre todo, instala su poesía en el paisaje de su Elca natal, la finca en la que vive en Oliva, el territorio valenciano donde nació; hay una relación sensorial muy fuerte con esa naturaleza que lo rodea”.

Romano celebra el premio no sólo por Brines, sino también por los poetas de su generación.

“Han generado un magisterio muy importante en los grupos poéticos posteriores. Todos ellos con sus distintos talantes han sido maestros de grandes poetas posteriores”.

Su obra poética, según el jurado que concedió el Cervantes, “va de lo carnal y lo puramente humano a lo metafísico, lo espiritual, hacia una aspiración de belleza e inmortalidad. Es el poeta intimista de la generación del 50 que más ha ahondado en la experiencia del ser humano individual frente a la memoria, el paso del tiempo y la exaltación vital”.

Este premio ha roto la alternancia tradicional del galardón. Si bien existe una norma no escrita por la cual el Cervantes reconoce cada dos años a un autor español, en la edición de hace dos años no aplicó, pues fue galardonada una autora latinoamericana, Ida Vitale, tras el premio de 2017 al nicaragüense Sergio Ramírez. En esta ocasión, ha ocurrido un hecho similar, con dos escritores españoles galardonados consecutivamente, pues antecede a Brines su compatriota Joan Margarit. 

Publicidad