En el México de la década de 1960 los historietistas industriales no se veían a sí mismos como autores y muchos de ellos se avergonzaban de pertenecer a ese gremio y publicar sus obras, lo que impidió que en este país se articularan discursos autorales desde la historieta, señaló el novelista gráfico y no gráfico Bernardo Fernández.

BEF, como se le conoce en el medio, añadió que esos historietistas no se asumían como tales sino como maquiladores de un producto que en el mejor de los casos era desechable, pues eran publicaciones dirigidas como pasatiempo a las clases populares del país, quienes las leían y las echaban a la basura, porque no ostentaban ninguna intensión de trascendencia.

Por lo anterior, se congratuló por pertenecer a una generación nueva, en la que se inscriben también Edgar Clement (Ciudad de México, 1967), ilustrador e historietista que emplea motivos fantásticos, mexicanos y míticos, y Ricardo Peláez (Ciudad de México, 1968), historietista e ilustrador de libros y revistas, así como la ilustradora Cecilia Pego.

En entrevista con Notimex, BEF sostuvo que le ha tocado estar con “una bola de necios”, que ha logrado legitimar el cómic, darle la respetabilidad que merece, y por lo mismo, producir historietas para el buen lector. “Mi generación ha llevado a la historieta del puesto de periódicos a librerías, y del pasquín de entretenimiento barato al libro”.

Ahora el cómic tiene el aura que tienen los libros más respetados, aunque el proceso ha sido lento, dijo. “Desde los años 80, el cómic o historieta se ha llamado ‘novela gráfica’, etiqueta discutida pero que a mí me gusta; lo que yo produzco son historias con estructura literaria de novela contadas en forma de cómic, por eso me parece pertinente la etiqueta”.

Hoy, en México se pueden adquirir novelas gráficas hechas en Sudamérica, Europa y en Estados Unidos, porque se ha descubierto que en el exterior hay una respetabilidad que apenas está teniendo el cómic mexicano. “Esa conciencia permitió que editores y libreros voltearan a este país para ver a los autores que hacen ese tipo de obras”, dijo BEF.

En ese contexto, el entrevistado promueve actualmente su más reciente novela gráfica “El instante amarillo”, cuya protagonista de 13 años de edad, “María”, está inspirada en la hija mayor del autor, del mismo nombre y quien actualmente tiene 8 años de edad y le gustan los cómics. “Al ver que no había en el mercado publicaciones de este tipo para niños, y mucho menos para niñas, pensé en hacer este libro”.

BEF y María iban a las tiendas de comics y decepcionados veían que no había materiales para ella, porque los que hay están dedicados a adolescentes y a niños tardíos de 40 años o más. Siendo papá de dos niñas, la menor se llama Sofía y tiene un año de edad, el escritor quiso hacer un libro para para ellas y para niñas de esas edades.

Es 1990 y “María” vive el momento más álgido de su adolescencia: Sus papás están divorciándose, sufre bullying, la maestra la maltrata y va mal en la escuela. De esa encrucijada saldrá gracias a que conoce a quien está destinado a ser su primer amor y su primera decepción, su maestro de regularización de Matemáticas, “Alfredo”, un joven estudiante de Física.

Ese profesor tiene un gesto de gran generosidad al dar a “María” a leer “Frankenstein”, la novela que en la vida real escribió Mary Shelley en idioma inglés y publicó en 1818. Eso le abre las puertas al mundo de la lectura y le deja ver en el personaje una metáfora de la adolescencia: El hijo primogénito del que papá está orgulloso hasta que lo ve convertido en un monstruo irreconocible.

Los compañeros que la molestan, dicen a “María” que es la “Reina de los monstruos”, pero ella comprende que lo monstruoso no sólo es lo deforme, lo contrahecho o grotesco, sino también lo peculiar y lo prodigioso. Ese es el instante amarillo del libro, el momento en que ella no sabe todavía lo que quiere en la vida, pero sí lo que no quiere”.

Metido en ese quehacer, BEF consideró que es común querer hacer el libro que falta en ese instante; pensó primero en un público infantil femenino, pero cree que es para todas las edades porque en el libro, la trama da un salto de 30 años y se ve a “María” cuando ya es mayor.

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