“Aquí estaba Magallanes muy pensativo, a ratos alegre, a ratos triste, porque cuando le parecía que aquel era el estrecho que había prometido, alegrábase tanto que decía cosas de placer, luego tornaba triste si por alguna imaginación le parecía que no era aquel”. Estas palabras se pueden leer en la única copia de un manuscrito perdido que redactó el marinero Ginés de Mafra a bordo de la Trinidad, la nao capitana de la aventura de Magallanes y Elcano. Este diario que acometió con sencillez forma parte de Una vuelta al mundo en la BNE, una exposición que se suma a las conmemoraciones de esta travesía sin olvidarse de otras circunnavegaciones sucedidas desde entonces.

“Más que la gesta, nos interesa el gesto”, asegura Juan Pimentel, comisario de la muestra. “Nos hemos centrado en el gesto cosmopolita de dar la vuelta al mundo. Magallanes y Elcano siguieron el rumbo del sol y detrás de ellos llegaron otros muchos que lo hicieron de diferentes formas”, asegura. Así, esta “modesta pero ambiciosa exposición” se divide en dos espacios de la Biblioteca Nacional de España. En la Antesala el visitante puede revivir aquella peripecia a través de mapas del Estrecho e itinerarios al mismo tiempo que puede conocer a otros viajeros que rodearon la Tierra como James Cook que lo hizo en barco, Hugo Eckener en zepelín o Wiley Post en avioneta. 

Destaca una fotografía de Grace Drummond-Hay asomándose por la ventana del Graf Zeppelin. “Durante el Renacimiento reinas, doncellas y mujeres nobles se retrataban dentro de una ventana, se trata de una iconografía muy simbólica”, sostiene Pimentel. En este caso, la periodista británica fue la única mujer a bordo del Graf Zeppelin y fueron sus crónicas las que ayudaron a divulgar la travesía. Sin embargo, hubo otra mujer que pudo ser la primera en acometer esta travesía circular con la que muchos sueñan en la actualidad. En 1766 Jeanne Baret tuvo que disfrazarse de marino para embarcar como asistente de su marido, Phillipe Comerson, en una expedición liderada por Louise-Antoine Bougainville que tenía como objeto explorar el Pacífico.

Esta misma sala, pequeña en sus dimensiones, exhibe algunos libros como La vuelta al mundo en 80 días, de Julio Verne, El Aleph, de Borges, o Vuelta al día en 80 mundos, de Cortázar. Tampoco falta la primera edición de la Enciclopedia, «un proyecto circular y pedagógico, como la vuelta al mundo». Existen muchas maneras de llevar a cabo esta fantasía y, para Pimentel, una de ellas es, sin duda, a través de las experiencias que proponen estos relatos. 

Una de las sorpresas que aguardan aquí es una réplica del cuadro El paso de la laguna estigia, cuyo original se expone en el Museo del Prado. Su presencia está, para Pimentel, justificada: “en la imagen vemos cómo Caronte atraviesa otro estrecho, el definitivo, el último, el inevitable. El protagonista duda entre el paraíso y el infierno”, apunta. Además, existe un dato curioso que el experto ha querido compartir. Patinir pintó ese lienzo en los mismos meses en los que Magallanes y Elcano atravesaban el mundo. “En una exposición buscas sorprender y no ofrecer al espectador lo que ya sabe. La sorpresa es el principio del conocimiento”, comenta el comisario. Por eso, a través de esta muestra quieren “recordar que tanto leer como viajar o hacer una exposición es una oportunidad para aprender”. 

Una exposición circular

Esta temporal se extiende por la escalinata de la institución, con lo que quieren propiciar la visita del interior de este imponente edificio. Así, desde el hall que preside la escultura de Menéndez Pelayo arranca un recorrido circular a través las alegorías. Europa, que aparece sentada con un cetro que da a entender que domina el mundo y una vid como símbolo de la prosperidad, es el punto de partida de la expedición. Subiendo por las escaleras llegamos a América que, montada en armadillo, se nos presenta “desnuda y salvaje con las armas en la mano”. Junto a esta figura femenina han dispuesto un mapa en el que podemos observar el laberíntico estrecho de Magallanes.

La travesía nos lleva después hasta Asia, “representada como una figura que agita un incensiario, feminizada y bella”. En el fondo vemos una jirafa (que “procede de África y no de Asia”) y otros animales como el elefante. A su lado, un detalle cartográfico de Malaca, zona “comercial muy importante de donde procedía Enrique de Malaca, esclavo de Magallanes que pudo ser “uno de los primeros hombres en dar la vuelta al mundo”. Tras un breve recorrido por especies y especias del continente asiático el recorrido acaba en África, “también salvaje y desnuda”, situada en la otra escalinata de la institución. Este continente «es el lado oculto de las hazañas exploradoras y la expansión europea, la otra cara de una historia que antes se contaba en clave heroica y nacional pero que hoy sabemos compleja y global», recuerda Pimentel. Por este motivo, “el visitante no puede salir pensando que fue algo idílico porque como todo acto tiene sus luces y sus sombras”. 

Sin embargo, hay una última parada antes de salir de esta alegórica vuelta al mundo que propone la BNE. Una imagen del atlas de Battista Agnese, un mapa con los vientos, tan importantes para la navegación. La muestra acaba de manera poética explicando que aquel hito que marcaron Magallanes y Elcano fue un viaje de regreso, cuyo máximo exponente es La Ilíada. “Este nostos se realiza sin dar un paso atrás ya que para la vuelta se tomó un camino diferente».

Con todo, Pimentel ha querido subrayar que no importa tanto quién fue el primero en rodear nuestro planeta sino las implicaciones de dicho acto físico y simbólico repetido desde entonces. «Lo que hoy se ha democratizado y convertido en algo al alcance de muchos, fue una victoria planetaria sobre el cielo y el tiempo”. 

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