Ciudad de México. El Estado mexicano ha combatido activamente las lenguas originarias. Ha habido una censura sistemática. No es normal que las personas no sepan cuáles son las más cercanas de donde viven o cómo suenan. Hay que hacer un gran trabajo contra ese veto, para conocernos más después de 500 años, sostiene la reconocida lingüista mixe Yásnaya Elena A. Gil, entrevistada a propósito de su libro Ää: manifiestos sobre la diversidad lingüística, que será presentado hoy.

La también investigadora y activista refiere a La Jornada que desde 1820 la población mexicana que hablaba alguna lengua originaria redujo su porcentaje en casi dos tercios, según la mayoría de los expertos. En 200 años se echaron lo que la Corona española no pudo en 300.

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Añade que para el Estado mexicano era fundamental la imposición de una sola lengua, la de una minoría. El náhuatl comunicaba entre la diversidad lingüística de entonces, y lo más práctico hubiera sido que fuera la lengua del Estado, pero en cambio, se impuso la de una minoría criolla: el español.

A. Gil explica que en la actualidad ha cambiado el marco legal, pero el comportamiento del Estado sigue siendo bastante monolingüe, y por eso las lenguas se siguen perdiendo. Existe la Ley General de Derechos Lingüísticos de los Pueblos Indígenas, pero quien la viola principalmente es el Estado.

En torno a la crisis sanitaria, señala que es frecuente, con y sin pandemia, la violentación de los derechos lingüísticos en los ambientes de servicios de salud. No hay políticas públicas al respecto. Y con la emergencia ha quedado claro que la mayor defensa ha sido la organización comunitaria, porque una vez que necesitas entrar al sistema de salud es bien complicado, y más con los derechos lingüísticos.

Yásnaya Elena A. Gil sostiene que existen muchos prejuicios sobre las lenguas que se siguen repitiendo, como vimos en la columna más reciente de Mario Vargas Llosa. No tienen ningún sustento científico o descriptivo, ni ideológico. Para resolverlos se necesita examinarlos, pues “se ha normalizado no hablarlos. Es increíble que muchos funcionarios los sigan repitiendo, y que se sigan reproduciendo en muchos medios de comunicación y en redes sociales.

Es más fácil que en la escuela te enseñen nombres de los ríos de Europa. Hay que hacer un gran trabajo contra ese veto, para conocernos más después de 500 años. Es necesario. Una parte muy importante es conocer las denominaciones y autodenominaciones de los pueblos originarios.

Ää: manifiestos sobre la diversidad lingüística, coeditado por Almadía y Bookmate, reúne textos publicados por Yásnaya Elena A. Gil entre 2011 y 2015, acompañados por múltiples comentarios que difundió en sus redes sociales.

La autora espera ser un granito de arena que contribuya a hablar de esto. Es urgente, porque las lenguas están muriendo por el maltrato que han sufrido sus hablantes. Tenemos que hacer algo inmediatamente, y si ayuda a esa discusión, lo daré por muy bien empleado.

Colonia y diversidad lingüística

A. Gil (Ayutla Mixe, 1981) explica que la categoría lengua indígena, reúne a las anteriores al Estado mexicano y que han sido activamente combatidas por él. Esa es su definición. Fuera de eso, lo que tienes son 11 familias lingüísticas muy distintas entre sí, con historias, estructuras gramaticales y un origen diferentes.

La también traductora menciona que durante la Colonia las lenguas fueron más respetadas. 

Fue muy violenta, pero coexistió con la diversidad lingüística mientras se pagaran tributos y todo lo extractivista se mantuviera junto con la religión católica. Era un despropósito querer hacer todo en español cuando era un montoncito de personas el que lo hablaba.

Menciona que “gran parte de la evangelización se hizo en náhuatl y en latín, pero no en español. La alfabetización, como ha dicho el lingüista Michael Swanton, llegó con el náhuatl. La importancia del español era bastante relativa en la época colonial: en la Real y Pontificia Universidad de México podías tomar clases en latín, otomí, náhuatl y matlazinca.

Los primeros impresos en este continente fueron en lenguas indígenas. La primera gramática del zapoteco se publicó siete años antes que la primera del inglés. Había algo más multilingüe, que se corta de tajo con la ideología monolingüe del Estado mexicano, una continuación del proyecto colonial creado por los criollos, afirma la lingüista.

Refiere que hacia finales de 1920 se hizo la distinción entre el español como lengua nacional, incluso en los libros de texto, y las demás lenguas, a las que llamaron dialectos, según Michael Swanton. 

Lo hicieron para decir que no son lenguas, sino dialectos que valen menos. Desde el punto de vista científico y descriptivo es falso. Las lenguas tienen dialectos, que significa variantes en lingüística, como las del español de Madrid, Buenos Aires, La Habana y Medellín. Igual en la lengua mixe. Yo hablo la variante específica de Ayutla.

Ää: manifiestos sobre la diversidad lingüística será presentado por la autora junto con la defensora derechos de las mujeres indígenas Sofía Robles Hernández, el historiador Federico Navarrete, y los escritores Juan Villoro y Gustavo Ogarrio.

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