Por una vieja admiración del Papa Francisco, Octavio Paz entró por primera vez en el magisterio de la Iglesia católica tras la referencia incluida por el pontífice en su exhortación apostólica “La alegría del amor”.

En el capítulo cuatro de ese documento, dedicado al “amor en el matrimonio”, Francisco incluyó una frase del ensayo “La llama doble” del Premio Nobel de Literatura 1990.

Al describir las cualidades del amor recordó que, para Paz, la cortesía “es una escuela de sensibilidad y desinterés”, que exige a la persona “cultivar su mente y sus sentidos, aprender a sentir, hablar y, en ciertos momentos, a callar”.

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Todo esto para indicar que “el amor no obra con rudeza, no actúa de modo descortés, no es duro en el trato. Sus modos, sus palabras, sus gestos, son agradables y no ásperos ni rígidos. Detesta hacer sufrir a los demás”.

Pero esa no fue la primera cita del líder católico al poeta, ya en otras dos ocasiones había echado mano de sus obras para ilustrar algunos de sus discursos, ambos pronunciados durante su visita apostólica en México.

Esta admiración de Francisco por Paz tiene un origen antiguo y parte del pensador uruguayo que fue, al mismo tiempo, un referente intelectual de Bergoglio: el filósofo Alberto Methol Ferré.

Preclaro exponente del pensamiento rioplatense, Methol dirigió por años la revista Nexo. Gracias a sus constantes búsquedas literarias, a principios de los años 80 descubrió el poema “Hermandad” del escritor mexicano.

 

Quedó tan fascinado por aquellos versos que pidió a un amigo suyo, mexicano, buscar y entrevistar al autor. Ese amigo era el periodista y político Carlos Castillo Peraza.

 

La entrevista fue incluida en el número 5 de la publicación, correspondiente al primer semestre de 1985, bajo el título: “Octavio Paz: Alguien me deletrea”.

 

Para ese tiempo Bergoglio ya seguía puntualmente las revistas de Methol y él también quedó seducido con la misma poesía, tanto que decidió citarla textualmente en su discurso de despedida durante su viaje a México, el 17 de febrero pasado en el aeropuerto de Ciudad Juárez.

 

“Soy hombre: duro poco y es enorme la noche. / Pero miro hacia arriba: las estrellas escriben. / Sin entender comprendo: también soy escritura / y en este mismo instante alguien me deletrea”, dijo entonces el Papa.

 

En ese discurso hizo una interpretación de las palabras de aquel poema y las aplicó a la realidad mexicana, sugiriendo que quien “deletrea” y “marca el camino” es “la presencia misteriosa pero real de Dios en la carne concreta de todas las personas, especialmente de las más pobres y necesitadas de México”.

“La noche nos puede parecer enorme y muy oscura, pero en estos días he podido constatar que en este pueblo existen muchas luces que anuncian esperanza; he podido ver en muchos de sus testimonios, en sus rostros, la presencia de Dios que sigue caminando en esta tierra”, aseguró.

Con esa exégesis Francisco pareció acompañar una búsqueda interior de Paz quien, si bien se catalogaba como un “pagano”, en realidad descubrió en su propia obra una reminiscencia espiritual y cristiana implícita.

Fuente Notimex

 

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