Toda la emoción, adrenalina, miedo y suspenso que han generado las películas de Stanley Kubrick en el público de numerosas naciones alrededor del mundo, fue recreada y solazada por la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN), anoche en la explanada de la mítica Alhóndiga de Granaditas.

La magia que fusionó cine y música se hizo en el marco del XLV Festival Internacional Cervantino (FIC) cuando la OSN, con su director huésped José Luis Castillo al frente, dio por iniciado el concierto que pronto movió fibras sensibles de las casi seis mil almas que poblaron cada centímetro cuadrado del recinto.

Todos conocen la obra del director neoyorquino Stanley Kubrick (1928-1999), cuyos temas polémicos ruborizaron a la moral conservadora de mediados del siglo pasado. La música pregrabada que empleó en la mayoría de sus producciones, sin embargo, tuvo el común denominador de conquistar a toda clase de cinéfilos.

De acuerdo con los críticos y puritanos del cine, eso no significa que el cineasta haya descuidado la parte sonora de sus películas. Al contrario. Kubrick jamás dejó al azar la musicalización. Él mismo elegía las obras y también buscaba con afán la versión que más se adecuara a la experiencia que quería representar.

Esa aventura inició en 1968 al estrenar “2001: Odisea del espacio” el 10 de mayo de 1968 en el Reino Unido. Es una película dividida en tres capítulos que cuenta la evolución del humano, del primate, al hombre moderno y de ahí hasta el superhombre. Utilizó el poema sinfónico de Richard Strauss (1864-1949), “Así habló Zaratustra”.

Como siguiente eslabón de esa cadena el público escuchó en “Barry Lyndon” (1977), un abanico de música barroca, a Henry Purcell (1659-1695); a Ludwig van Beethoven (1770-1827) en “Naranja Mecánica” (1971), y a Béla Bartók (1881-1945) y Krzysztof Penderecki (1933) en “El Resplandor” (1980).

El dato curioso señala que diversos compositores, además de su importancia histórica, ganaron moderna popularidad después de aparecer en salas de cines gracias a Kubrick. Incluso György Ligeti (1923-2006), quien demandó al director por usar su música sin una autorización previa, fue beneficiado con la publicidad gratuita.

Inspirada en esta forma de musicalizar de Kubrick, la OSN reunió en un programa obras clásicas que fueron protagonistas de sus filmes para crear una presentación audiovisual que funcionó como una oportunidad para que el público cervantino descubra esos puntos en común entre la música y las imágenes.

Bajo la batuta del director huésped José Luis Castillo y a través del montaje de videos para cada una de las piezas a cargo de Daniela López Amézquita, el FIC ofreció una velada inolvidable en la Alhóndiga de Granaditas donde, eventualmente, el viento sopló frío, como maravilloso efecto adicional al cine de Kubrick.

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