Aún a riesgo de ser tomada por banal, la escritora mexicana Mónica Lavín emprendió hace poco más de tres años una nueva y arriesgada aventura, la de escribir la novela “Cuando te hablen de amor”, en la cual, a partir de una revisión de tres generaciones, reivindica ese sentimiento como “lo único que puede hacernos mejores personas”.

Y es que para la autora de libros como “Yo, la peor”, aunque el mundo esté inmerso en una crisis de las utopías y el amor sea una de las más grandes, pues alrededor de él se construyó la educación sentimental de varias generaciones, éste sigue siendo una ilusión viable, “un fantasma que pese a su imperfección y descrédito puede ser un territorio que vale la pena explorar”.

La premisa del libro es, parafraseando al compositor José Alfredo Jiménez (1926-1973), que “Cuando te hablen de amor” y de ilusiones, “bien vale la pena mirar este ‘Mundo raro’” y tratar de entender el tiempo en que habitamos, señala Lavín, quien como madre y profesora de jóvenes observa a diario la incertidumbre de las actuales generaciones en torno al tema.

La pregunta recurrente de los jóvenes sobre si vale la pena o no, no tanto el amor, sino la idea de la pareja, y de eso habla esta novela que, recuerda, surgió de un tiempo en el que empezó a participar en las bodas de los hijos de sus amigos, y de escuchar y contrastar sus motivos, sus ideas, y de darse cuenta de que ya no hay coincidencias.

“Venimos de movimientos extraños, los abuelos que trataron de mantener una apariencia y una estabilidad, no importando cuántas fracturas había debajo de ella, y la de los divorcios que es la nuestra, y la que sigue, que no cree en nada, o que abraza el ritual que a mi generación le parecía muy cursi, pero que se desdice del matrimonio”, comenta a Notimex, durante una entrevista realizada en su casa editora, un día antes del sismo de 7.1 grados que azotó a esta ciudad.

Un sorbo de té sirve para serenar la charla y agregar reflexiva, “ahora lo que se vive es un poco la locura de la escenificación del ritual boda, como si el matrimonio necesitara de un arropamiento social que lo validara y, por otro lado, hay un gran descrédito, creo que ese es un dilema de las mujeres, que se agudiza cuando una boda no valida su proyecto de vida, porque la pareja está en el banquillo.

“Por otro lado -continúa- para lo que estudié, quién sabe si me colocará en un buen estatus; hay un descrédito de todo, porque salgo a la calle y me pueden matar; estudio, me preparo y no hay un lugar para mí, y si encuentro un lugar ganó un sueldo que no me satisface. Entonces hay una apatía política y amorosa”.

Pero en medio de todo eso, insiste, “el amor sigue siendo esta ilusión, un fantasma que no obstante su imperfección y descrédito, a lo mejor es un territorio que vale la pena explorar, no importa cuán pasajero sea (porque) vale la pena saber de algo que hemos dejado de poner a prueba”.

“Porque encontrar al otro es una manera de verse a uno mismo, de cuestionarse, delimitarse y contenerse, y posiblemente de crecer hasta que dejas de crecer, entonces, la pregunta es qué tanto estamos listos para los procesos lentos, si vivimos la fugacidad y el vértigo.

“Un proceso lento ya se desconoce, pues todo ocurre rápido, y no es cierto que así deba ser, todo toma tiempo, como las relaciones humanas, y el problema de hoy es que ya no tenemos tiempo de reflexionar menos de esperar el tiempo adecuado”.

Y entonces cae en la cuenta de que en toda su literatura ha rondado, desde diferentes historias, en el tema del encuentro y el desencuentro, “porque me parece atractivo como se puedan encontrar las personas y el desencuentro como la cara dolorosa del encuentro, y ver cómo nos inventamos y cómo eso es la vida íntima, esa que hoy parece que ya no tiene lugar”.

“La intimidad que es estar con tus pensamientos y amar como un pacto de dos y no ser validado por los ‘likes’ de ‘Facebook’, me da terror este modo de exposición tan descarnado”, reconoce Lavín, quien se pregunta, a estas alturas, ¿dónde está el tiempo para que haya silencio?.

Pero no es una novela dirigida ex profeso a los milennials, aclara, el reto, más bien, es abarcar a varias generaciones que estamos con desencanto, buscando contagiar “el deseo de encantarse de nuevo”, porque para ella, “en este tiempo en el que parece predominar la oscuridad, me gusta encontrar rendijas de luz, pues sigo creyendo en el ser humano y creo que si hay una manera de ser mejores, más generosos y comprensivos, esa es el amor”.

Luego de poco más de tres años de trabajo, refiere, el objetivo está cumplido porque “tenía ganas de hacer una novela muy contemporánea, tomar el pulso de hoy de la Ciudad de México, que me parecía un reto complicado, cierto sector social, sus pequeños anhelos y fracasos, escribir de la vida cotidiana”, lo cual no es fácil, reconoce, pues no hay distancia, eres parte del vértigo del hoy.

“Cuando te hablen de amor” cuenta la historia de Maya quien, a punto de casarse y mudarse a otro país, no está convencida de que el amor sea para siempre, y envuelta en el rito de las flores, las invitaciones y la búsqueda del ajuar de bodas, conoce a Eugenia, una mujer que vive atrapada en el dolor de una decepción amorosa.

Se trata de un encuentro donde pasado y presente colisionan para finalmente dejar ver que “la posibilidad del amor está llena de imperfecciones”, añade Mónica a quien le resultó muy seductor construir personajes complejos, llenos de oscuridad, desencanto y amargura.

Darle rienda suelta al límite de a lo que se puede llegar cuando hay resentimiento, “quería explorar esos límites y no hacer una villana de arquetipo”, comparte satisfecha la autora, cuyos trabajos han sido reconocidos con premios como el de Narrativa de Colima, por “Café cortado” (2001) y el Iberoamericano de Novela Elena Poniatowska 2010 por “Yo, la peor”.

Conductora del programa “Contraseñas”, es profesora e investigadora en la Academia de Creación Literaria de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, y miembro del Sistame Nacional de Creadores.

Publicidad