Una de las leyendas modernas es que los mayas, los aztecas o algún otro pueblo prehispánico sacrificaban a los jugadores de pelota. Muchas personas creen que los que perdían en este complejo juego eran decapitados o algo así. Es cierto que las culturas prehispánicas practicaban el sacrificio humano -sobre todo de pueblos conquistados-, pero nuevas investigaciones en torno a este misterioso juego revelan que no se sacrificaba a los jugadores.

Al parecer, los juegos sí estaban rodeados de  ceremonias sacrificiales -como toda la vida en ese entonces- y se solía sacrificar a algunas personas que habían sido capturadas, pero esto no era lo fundamental del juego. Una investigación de Christopher Helmke, profesor de la Universidad de Copenhague, sugiere que además de que los jugadores no eran sacrificados, la pelota no debía pasar por el aro -de aquí que muchas canchas ni siquiera tengan el famoso aro-. Cuando lo hacía, era un fenómeno extraordinario y aunque esto significaba que el tirador ganara, ese no era el sentido que tenía el juego, pues el parecer no se regía de la misma manera que nuestros juegos modernos: tenía un componente dramático, de representación sagrada aunque también, aparentemente, incluía apuestas. Sin embargo, los perdedores no eran sacrificados, lo cual es lógico pues los mejores jugadores acabarían tarde o temprando con el cuchillo en el cuello. 

Se tiene noción de que el juego de pelota fue pancolombino, jugado desde Colombia hasta lo que hoy es Arizona. Según la información del fraile Diego Durán, que en 1570 entrevistó a diversos jugadores, la idea esencial era mantener la pelota en constante movimiento, sin usar las manos y los pies, lo que hacía el juego físicamente muy demandante. Se trataba de colocar la bola en la zona de anotación. Pero también había puntos por errores como si se tocaba a un compañero. 

El juego de pelota se sigue jugando en México; sin embargo, se cree que ha cambiado mucho en sus reglas, y los investigadores consideran que no se conoce del todo cómo era el juego original, lo cual aún se investiga.

Parece ser que el juego tenía múltiples funciones: era un recreo para los jóvenes, un espectáculo público ritual (a veces, los prisioneros eran sacrificados), una representación del conflicto cósmico entre los planetas y se creía, además, que espejeaba el mismo juego que jugaban los dioses.

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