En el marco del Día Mundial de la Cultura Africana y de los Afrodescendientes, celebrado el 24 de enero por iniciativa del Organización de las Naciones Unidades para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) se sumó a los esfuerzos por visibilizarlos mediante la realización del panel de reflexión “Rezumba y suena la memoria”, en el que puso en diálogo a una decena de expertos en el tema.

El Centro INAH Veracruz y el Programa Nacional de Investigación: Afrodescendientes y Diversidad Cultural, de la Coordinación Nacional de Antropología, organizaron el evento virtual para reconocer y reivindicar la importancia económica, social y cultural que han tenido mujeres y hombres de origen africano desde su llegada, durante la conquista de México, hasta hoy.

A manera de prólogo, en el conversatorio moderado por el investigador del Centro INAH Veracruz, Álvaro Alcántara López, se mencionó que antes de que ingresaran masivamente personas esclavizadas por los puertos autorizados por la Corona española, algunas personas africanas arribaron a América como parte de expediciones. Por ejemplo, Hernán Cortés tuvo en sus tropas a una persona de origen africano, el conquistador Francisco de Montejo marchó con africanos a Yucatán, y Pedro de Alvarado lo hizo en Guatemala.

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Después, por medio de asientos y licencias otorgadas por la Corona a compañías particulares portuguesas y, más adelante, inglesas y holandesas, así como a comerciantes, funcionarios, conquistadores y pobladores, entraron a la Nueva España cientos de miles de personas esclavizadas por los puertos de Veracruz, Acapulco y Campeche. En la primera mitad del siglo XVII ingresaron provenientes en su mayoría de Angola y el Congo, aunque también arribaron de África oriental, a través de las redes de comercio de la región del océano Índico.

Una de las ideas que bordearon el panel de reflexión fue la relativa a la interculturalidad en el continente, producto de los últimos cinco siglos, la cual ha dado paso a formular lo que el escritor cubano Alejo Carpentier e investigadores como el mexicano Antonio García de León han señalado como la “África americana”, un concepto libre de cartabones en la búsqueda de una raíz o de prácticas puras provenientes del continente negro.

Alfredo Delgado Calderón, Lesly Cruz Zamora, Gabriela Iturralde y Samuel Aguilera, entre otros, coincidieron en que pensar desde ese concepto pude ser más provechoso para comprender las peculiaridades surgidas de la convivencia entre grupos afro, indígenas y mestizos en México, particularmente en el territorio veracruzano, donde las manifestaciones culturales, desde la medicina herbolaria hasta la música y la danza, pasando por la comida, varían, incluso entre regiones.

Álvaro Alcántara anotó que el término “tercera raíz” surgió como respuesta al discurso identitario nacional construido a partir de dos raíces: la indígena y la española, “en función de eso se empezó a hablar de la incorporación y del reconocimiento de una tercera raíz. Así hay que entenderlo. En ese sentido, hay que repensar la conveniencia de seguir utilizando ese término”.

Señaló que en un trabajo conjunto con su colega Alfredo Delgado, en el que revisaron padrones de población del siglo XVIII, notaron que “en la Provincia de la Nueva Veracruz, que abarcaba del puerto de Veracruz a Tlacotalpan, la población de origen africano (mulatos y pardos), a finales de esa centuria, era el primer contingente y por mucho, como también lo era en Alvarado, con más del 80%”.

El antropólogo Alfredo Delgado abundó que los movimientos poblacionales en el virreinato dentro de lo que hoy es Veracruz, por ejemplo, de vaqueros con este origen, fueron dispersando la identidad negra y mezclándola con otras, como lo dejó claro en su libro Historia, cultura e identidad en el Sotavento, por lo que “es muy difícil definir qué es lo africano en la cultura en general”, expresó.

“Consultando expedientes del Archivo General de la Nación, lo que salta a la vista es que muchos de los negros y mulatos de Acayucan, Córdoba y Cosamaloapan tienen una cultura muy indígena. Por ejemplo, los negros de Cruz del Milagro eran atendidos por un ‘chupador’, una figura que procede eminentemente de la cultura indígena, pero que era un mulato viudo. Asimismo, Yanga o San Lorenzo Cerralvo se fundaron como república de naturales.

“¿Cuáles son los elementos africanos?, creemos que dos de estos son la terapéutica de los culebreros de Los Llanos, que aparentemente es de origen bantú, y las charangas de Tamiahua. Cabe decir que la población estuvo muy mestizada, si bien es cierto que trajeron una gran cantidad de esclavos, la mayoría eran hombres, y así encontramos esclavos casados con indígenas, con otras mulatas e inclusive con españolas pobres, lo que hubiéramos pensado como matrimonios imposibles en la sociedad colonial”, concluyó el especialista.

En el conversatorio “Rezumba y suena la memoria” también participaron Odile Hoffman, Rosa María Hernández Fita, Viridiana Ponce, Luis Antonio Rodríguez Pulido y María Conchita Patraca.

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