Obras del norteamericano Leonard Bernstein y del francés Héctor Berlioz conforman el programa que encabezará el joven director estadounidense Tito Muñoz, quien regresa con la Orquesta Filarmónica de Boca del Río este viernes 7 de abril. El programa se anuncia para dar inicio a las 20 horas de la fecha mencionada, en el Teatro “Fernando Gutiérrez Barrios”, con charla de apreciación desde las 19 horas sin costo para todo público y en el mismo recinto.

Muñoz se desempeña actualmente como Director Artístico con la Phoenix Symphony, fue Director Musical de la Ópera Nacional de Lorraine y de la Orchestre Symphonique et Lyrique de Nancy, en Francia, además de trabajar como Director Asistente en la Cleveland Orchestra, la Cincinnati Symphony, con la Cincinnati Chamber Orchestra y en el Festival de Música de Aspen. La celebridad le llegó de golpe cuando sustituyó en el último momento a Pierre Boulez al frente de la Cleveland Orchestra, con resultados apabullantes que le valieron cálidas felicitaciones de público y crítica.

En 2005 ganó el Premio “Robert J. Harth” en el Festival de Aspen, y al año siguiente se adjudicó el primer premio de Dirección Orquestal en el mismo Festival. Su triunfo más importante ha sido, seguramente, el primer lugar en el Concurso Internacional de Dirección Orquestal “Sir Georg Solti” de Frankfurt, Alemania, en 2010, y también ganó la Beca Mendelssohn en 2009, que patrocinan Kurt Masur y la Fundación Mendelssohn-Bartholdy de Leipzig.

Aun ahora, Muñoz trabaja consistentemente con la Cleveland Orchestra y realiza actuaciones con esta célebre orquesta y el Joffrey Ballet. Por añadidura, colabora intensamente con artistas jóvenes en el Festival de Aspen, el Instituto Tanglewood de la Universidad de Boston, el Instituto de Música de Cleveland, la Universidad de Indiana, Festival Kent/Blossom, así como en los conservatorios de Nueva Inglaterra, Oberlin y Toronto.

Sus próximas actuaciones en Estados Unidos se darán con las orquestas de Cleveland, Atlanta, Baltimore, Indianápolis, Carolina del Norte, de Cámara Saint Paul, Calgary, del Real Conservatorio de Toronto, así como una residencia en la Universidad de Texas, en Austin. Además, viajará en gira de trabajo hacia Alemania, Francia, Brasil y China. Todo lo anterior lo ubica como uno de los jóvenes maestros más talentosos de su generación.

Las “Danzas sinfónicas de West Side Story” se derivan directamente del musical generado en forma conjunta por Jerome Robbins y Leonard Bernstein, basado en “Romeo y Julieta” de Shakespeare. Leonard Bernstein trabajó sobre la partitura desde febrero hasta agosto de 1957 en esta adaptación del drama de los amantes de Verona trasladado a las calles de Nueva York, con la colaboración de Arthur Laurents (libretista) y Stephen Sondheim (autor las letras de las canciones). Durante varios años “West Side Story” no pasó de los teatros regionales, por su descripción de la violencia racial con una lírica tan poética como cargada de erotismo. Aquello era arte “no exportable”, hasta que el cine se encargó de llevar su versión a todo el mundo.

La aportación de varios músicos –Irwin Kostal, entre ellos– dio como resultado la suite denominada “Danzas sinfónicas de West Side Story”, sobre la portentosa orquestación de Bernstein, que fue estrenada en febrero de 1961 con la Filarmónica de Nueva York dirigida por Lukas Foss.

Por lo que respecta a la “Sinfonía fantástica” de Héctor Berlioz (1803-1869), fue producto del enamoramiento del músico hacia una actriz irlandesa llamada Harriet Smithson, que había llegado a París con una compañía teatral para una serie de representaciones de “Hamlet”, de Shakespeare. Aquí, el compositor se valió de un procedimiento inusual: asignar motivos musicales para la representación de personajes y entornos circunstanciales. Berlioz les llamó “idée fixe” (idea fija), que resultaron en el antecedente directo del “leitmotiv”, más tarde trabajado por el alemán Richard Wagner en sus dramas escénicos.

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