El 7 de julio de 1974 se disputó la final de la Copa del Mundo celebrada en Alemania, donde el país anfitrión, liderado por el zaguero Franz Beckenbauer se impuso ante la “Naranja mecánica” de Johan Cruyff en el Estadio Olímpico de Múnich.

El técnico Rinus Michels mandó a Jan Jongbloed, Ruud Krol, Wim Rijsbergen, Wim Suurbier, Arie Haan, Wim Van Hanegem, Wim Jansen, Johan Neeskens, Johan Cruyff, Rob Rensenbrink y Johnny Rep por parte Holanda.

Mientras que Helmut Schon alineó a su mejor once con Sepp Maier, Berti Vogts, Paul Breitner, Hans-Georg Schwarzenbeck, Franz Beckenbauer, Wolfgang Overath, Uli Hoeness, Rainer Bonhof, Juergen Grabowski, Gerd Muller, Bernd Hoelzenbein.

El encuentro por la gloria mundialista comenzó intensamente, al grado que a los pocos segundos del silbatazo inicial, se marcó penal a favor de Holanda debido a que Vogts derribó a Cruyff dentro del área, Neeskens haría efectiva la pena máxima y adelantaría a su selección al minuto dos.

Sin embargo, 20 minutos después, Hoelzenbein también sería derribado en el área rival por Jansen, siendo el mediocampista Breitner el encargado de cobrar el tiro penal que igualaría el marcador para la Alemania Federal.

La “Naranja mecánica” tuvo varias oportunidades para adelantarse en luminoso, pero los teutones, fieles a su estilo de juego, dominaron por completo el juego y se apoderaron del esférico, dejando pocas oportunidades a los holandeses de rematar en el arco.

A dos minutos de finalizar la primera mitad, el mítico delantero Gerd Muller remataría el centro que su compañero Rainer Bonhof hizo luego de quitarse algunos jugadores contrarios, un tanto que, además de valer el campeonato, significó convertirse en el máximo goleador en la historia de los Mundiales con 14.

En la segunda parte, Holanda intentó regresar al encuentro, pero la autoridad con la que los bávaros defendían el balón, aunado a la gran actuación del portero Sepp Maier, repelaron cualquier esperanza de la remontada naranja.

Así, después de 90 minutos, el árbitro inglés John Taylor pitaba el final del juego y Alemania ganaría su segundo Campeonato Mundial, luego de hacerse del primero en Suiza 1954 al vencer a Hungría.

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