El arbitraje mexicano nuevamente ha hecho de las suyas. Esta vez, César Ramos y el VAR se robaron los reflectores de las semifinales del Clausura 2022, convirtiéndose en los máximos protagonistas de dicha instancia y generando mucha polémica.

Es común en nuestro balompié que los silbantes sean el foco de atención. Semana a semana sus actuaciones son cuestionadas y criticadas, ya que ver graves errores arbitrales en gran parte de los partidos de la liga se ha vuelto una constante. Además, a la ecuación hay que sumarle la exagerada dependencia que se ha creado por el VAR. Su funcionalidad se ha distorsionado por completo, pues en vez de fungir como herramienta rectificadora (para lo que fue creado) se ha convertido en el principal impartidor de justicia.

Esto quedó claramente demostrado en los partidos de vuelta de las semifinales, en los cuales los árbitros, sus decisiones y los monitores del VAR incidieron de manera directa en el desarrollo y el resultado de los encuentros.

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César Arturo Ramos Palazuelos fue el encargado de pitar el Tigres vs Atlas, un partido que terminó por ser un auténtico caos. El primer gran error se dio al inicio del segundo tiempo cuando André Pierre Gignac impactó con el codo el rostro de Edgar Zaldívar, una jugada merecedora de tarjeta roja que ni siquiera ameritó una amonestación según la apreciación del juez central, quien no fue llamado por el VAR para revisar la jugada.

En la vuelta de los cuartos de final entre Atlas y Chivas, Jeremy Márquez, jugador de los rojinegros, fue expulsado por una acción prácticamente idéntica que fue avalada por la Comisión Disciplinaria como una decisión correcta, lo que significa que el criterio de Ramos Palazuelos no lo fue y debió haber mostrado la tarjeta roja al francés.

Apenas tres minutos después, el colegiado sinaloense volvió a mostrar no estar en su mejor nivel al marcar un penal inexistente en favor de Tigres; de nuevo, no acudió al VAR. Los felinos anotaron la pena máxima, lo que permitió que se acercaran en el marcador y pelearan por la clasificación. Todo gracias al doble error de César Ramos: Gignac no debía estar en la cancha y concretó un penal que no debió señalarse.

Sin embargo, las equivocaciones no terminaron ahí. Cerca del minuto 70, el árbitro mexicano amonestó a Nicolás López de Tigres por una supuesta simulación dentro del área, situación que fue revertida tras revisar la jugada en el VAR. Se señaló penal que en primera instancia no había sido marcado pese a ser bastante claro, pues el defensor Anderson Santamaría arrolló y sujetó de las piernas al atacante uruguayo.

Para cerrar con broche de oro, y cuando todo parecía que Tigres lograba la milagrosa remontada de cuatro goles para avanzar a la final, Ramos Palazuelos sancionó su tercer penal del partido, esta ocasión en favor de Atlas por un empujón por la espalda sobre Aldo Rocha. La falta fue evidente y bien vista por el silbante, quien reafirmó su decisión en el VAR, aunque la jugada debía quedar invalidada por una mano previa de Julián Quiñones que ni la tecnología ni él decidieron marcar.

La catastrófica actuación de César Ramos determinó el rumbo del partido y jugó con la esperanza de ambos equipos, quienes no solo tuvieron que enfrentar a un gran rival, sino también a un juez que con sus fallas dictó sentencias injustas.

Todo este embrollo tiene una especial relevancia y preocupación dado que César Ramos será uno de los encargados de representar a México y a Concacaf en el mundial de Qatar 2022 como árbitro central. Es más que obvio que despierta muchas dudas, no solo por el desastre de la semifinal, pues arrastra más de dos años sin demostrar un buen nivel, y un claro indicador es que no ha sido considerado para ninguna final en los últimos cuatro torneos. Todo indica que este será el quinto.

En la otra llave la situación fue similar. Sin llegar a una tragedia como ocurrió en el Estadio Universitario, Fernando Hernández Gómez hizo de las suyas en el duelo de vuelta entre Pachuca y América.

Con la eliminatoria abierta para cualquiera y cuando el partido apenas iba 1-0 (2-1 global) en favor de los Tuzos, Fernando Hernández decidió no expulsar a Nicolás Ibáñez, delantero de Pachuca, por un duro planchazo por la espalda que terminó con el atacante americanista Diego Valdés en el césped.

Con todo y que recurrió al VAR, el silbante juzgó de manera errónea la jugada y permitió que el argentino continuara en el encuentro. Si bien es cierto no anotó, los de Coapa hubieran podido jugar la mayoría del encuentro con un jugador más y la historia pudo haber cambiado.

Además, el criterio del nazareno dejó la vara muy alta, hecho que ocasionó que otros jugadores como Bruno Valdez y Álvaro Fidalgo tampoco vieran la tarjeta roja como consecuencia de sus duras entradas.

La final quedó definida y aunque en el papel avanzaron los equipos que mejor se desenvolvieron en el terreno del juego, la realidad es que las acciones de los árbitros repercutieron y tuvieron un papel fundamental. Cuando unas semifinales son más discutidas por las decisiones arbitrales que por lo hecho en la cancha es evidente que algo no está bien. En el futbol los protagonistas deben ser los jugadores y la pelota.

La comodidad debe hacerse a un lado y las exigencias deben ser mucho mayores. En una liga que se jacta de ser ejemplar y reconocida internacionalmente resulta increíble que esto suceda con tanta continuidad. César Ramos tiene casi seis meses para mejorar y evitar un episodio así de bochornoso en un escenario como una Copa del Mundo, mientras que todo el arbitraje mexicano debe pensar en modos de aumentar el nivel de sus silbantes y no abusar en el uso del VAR.

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