Adidas ha cumplido 71 años y, como si el tiempo no pasara, como si no hubiera ocurrido nada en el mundo de las zapatillas, exhibe su músculo de tradicional marca hegemónica en el atletismo. Se lo muestra a unos cuantos periodistas de todo el mundo, a los que invita a mediados de enero a su sede futurista de enormes edificios y empleados felices en Herzogenaurach, muy cerquita de Núremberg. Su bienestar depende de las ventas, y todos saben que el mercado es un campo de batalla.

El músculo con el que combaten tiene forma de zapatilla de running, las que se usan para las maratones y las carreras en asfalto, el segmento del atletismo que con más practicantes cuenta, tantos miles de corredores populares que cada semana disputan pruebas en las calles de sus ciudades. Su nombre es histórico, Adizero, y así se llaman todas sus zapatillas desde 2008, desde que las estrenó Haile Gebrselassie en Berlín, y batió por tercera vez en tres años el récord mundial de maratón bajando por primera vez de las entonces imposibles 2h 4m (2h 3m 59s). Con diferentes generaciones de Adizero, Makau, en 2008, Kipsang en 2013 y Kimetto en 2014 batieron también el récord del maratón, dejándolo en 2h 2m 57s. El apellido es Pro, y la denominan el “arma secreta para derrotar a un poderoso enemigo” en una animación manga que homenajea a su diseñador estrella los últimos 20 años, el japonés Omori. ¿El eslogan de lanzamiento? Faster than fast (no son rápidas, son más rápidas), que suena como respuesta a la pregunta que Usain Bolt hacía lucir en las camisetas de promoción de sus Puma: Who’s faster? (quién es más rápido).

Y por allí aparece calzándolas y dando unos trotes la keniana Mary Keitany, su atleta estrella, plusmarquista mundial de maratón en carreras de solo mujeres (2h 17m 1s), cuatro veces ganadora del maratón de Nueva York y tres del de Londres, y dice, como debe ser, que “son las zapatillas más rápidas de la historia de la marca. Lo más novedoso no es ni la placa ni la espuma, es la zapatilla en sí, la combinación de los ingredientes”.

En qué consisten lo explica el director creativo de la marca alemana, el británico Sam Handy, que habla de la placa de carbono curvada a 30 grados, “el ángulo ideal para dar más propulsión al metatarso”, de su malla de celermesh para cubrir bien ajustado el pie, de sus suelas con dos espumas diferentes, la lightstrike, que ya habían ensayado en las botas de baloncesto y la boost en el talón, que fue revolucionaria hace 12 años, cuando en pleno esplendor de Gebrselaisse, cuando todos los maratonianos del mundo querían calzar Adidas. El precio del par ronda los 180 euros, su peso es de 238 gramos (talla 42) y el grosor del talón es de 21 milímetros.

La presentación, embargada hasta el 12 de febrero, tuvo lugar 10 días antes de que World Atletics (WA), la federación internacional de atletismo intentara acabar con el debate tecnología/factor humano con un nuevo reglamento que regula que las suelas de las zapatillas no pueden tener un grosor de más de 40 milímetros, un tamaño al que ni se acerca Adidas pero que coincide al ciento por ciento con los modelos de Nike, los Vaporfly, Next% y Alphafly, de 180 gramos, que generaron la admiración de los tecnófilos y el horror de los amantes del atletismo con rostro humano y sudor, que consideran que otorgan una ventaja insuperable a quienes las calzan y, despectivamente, las comparan con el dopaje tecnológico y los bañadores milagrosos.

Con ese modelo, el keniano Eliud Kipchoge se proclamó campeón olímpico de maratón en 2016 y en 2018 acabó con el reinado de la marca alemana en la tabla de récords al dejarlo en 2h 1m 39s (2m 20s menos que la marca de Gebrselassie solo 10 años antes); y con ellas mismas, Kenenisa Bekele, que no estaba acabado a los 36 años, se quedó a dos segundos del récord al año siguiente. El récord de Gebrselassie ya es solo la 18ª marca de la historia. En la última encuesta de ventas de zapatillas llevada a cabo por Statista Surveys en Estados Unidos, el mayor mercado, casi la mitad de los 1.237 encuestados respondieron que habían comprado nikes en los últimos dos años. El New York Times publicó un estudio propio: el 40% de los maratonianos que cubrieron la distancia de los 42,195 kilómetros en menos de tres horas, calzaban Vaporfly o Next%

“Pero nosotros no queremos entrar en una carrera armamentística. Esta zapatilla no es la respuesta a la polémica Nike”, proclama Handy, el creativo de Adidas, cuando se le señala que la respuesta de los alemanes al desafío norteamericano parecía en cierta manera conservador. “No la hemos hecho para una guerra, sino para equipar a nuestros atletas. Es la mejor zapatilla que nunca hemos hecho. Y sin traicionar a la filosofía que ha distinguido siempre a Adidas”. Handy tampoco quiere entrar en una guerra de números con la competencia, que asegura que con sus modelos se corre al menos un 4% más rápido que con los de sus rivales. “No hablo de porcentajes. Con las pruebas con los atletas que hemos hecho podemos concluir que es la mejor que hemos hecho nunca”, dice. “No, no podemos dar las cifras. Solo puede decir que todos los mejores atletas estaban exigiéndonos este modelo”.

Ni siquiera se despeinaron en Alemania cuando el 31 de enero se hicieron públicas las normas, que también prohíben prototipos no puestos a la venta al menos cuatro meses antes de su uso en competición y que tanto parecen favorecer al rival de Oregón, que ya ha anunciado la salida a la venta, por más de 300 euros, de la tercera evolución de sus zapatillas mágicas, antes que ninguna otra marca. “Todos nuestros modelos cumplen con el reglamento”, señalaron desde Herzogenaurach. “Continuaremos mejorando nuestros productos para ayudar a nuestros atletas a superar a los demás, pero siempre dentro de las reglas del juego”.

En la reciente media maratón de Houston varios atletas participaron con lo que parecían ser prototipos de Adidas de gordas suelas, similares a los del rival. En la sede de la marca no quieren comentar este detalle. “Por supuesto que usamos, como todos, prototipos”, dicen. “Pero no vamos a comentares cuáles ni dónde ni de qué tipo son”.

Más explícito resulta finalmente el discreto Handy, quien después de hacer un canto al necesario equilibrio –“es importante que se garantice la igualdad entre los atletas. Pero que nadie olvide que la tecnología y la innovación están ayudando a los atletas a romper las fronteras humanas. Nuestra innovación, combinada con la innovación en el rendimiento atlético ayuda a que más gente se interese por nuestro deporte. Y eso es bueno para todos”, dice–, acepta que algo “menos conservador” puede estar en la nevera esperando ver la luz: “Estamos preparados para una decisión conservadora y una menos conservadora de la WA. Todas las conversaciones sobre récords y rendimiento son buenas para el deporte”.

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