Nueva York estaba preparada para la fiesta del serbio Novak Djokovic. El número uno del mundo buscaba ser el primer tenista desde Rod Laver, en 1969, en lograr los cuatro grandes de una temporada y de paso superar al suizo Roger Federer y al español Rafa Nadal, los tres empatados con 20 majors.

Pero al mejor tenista de la actualidad se le atravesó el número dos, el ruso Daniil Medvedev, quien inspirado y en estado de gracia le arruinó la fiesta.

El ruso conquistó su primer Grand Slam al superar (6-4, 6-4, 6-4) a Djokovic en la final del Abierto de Estados Unidos.

El número uno del mundo se presentó al estadio Arthur Ashe con una marca de 27 juegos ganados en los Slams de este año, consagrado en las pistas duras del Abierto de Australia en Melbourne, la tierra batida de Roland Garros en París y el césped de Wimbledon en Gran Bretaña. Pero en Nueva York todo fue inesperado.

El estado de Medvedev fue asombroso. El vencedor estuvo preciso, fuerte, con saques impecables y una capacidad para reubicarse en una fracción que dejaba desmadejado a Nole. La superioridad del ruso fue indiscutible y se reflejaba en el rostro entre molesto y preocupado del serbio.

Djokovic fue incapaz de superar la presión y ansiedad del momento, frente a un poderoso rival hambriento por alcanzar su primer título de Grand Slam y con cinco horas menos de juego en sus piernas.

Al ver que se le escapaba el partido más importante de su vida, Djokovic expresó su frustración rompiendo una raqueta en el segundo set, pero zanjada la derrota, reconoció y abrazó en la red a Medvedev.

Con una victoria ante Medvedev hubiera completado el segundo Grand Slam de la era Open iniciada en 1968 tras el del australiano Rod Laver, quien estaba presente ayer en Flushing Meadows.

El último obstáculo de Djokovic era Medvedev, un jugador que había perdido sus dos finales anteriores de Grand Slam, una de ellas ante Djokovic en el Abierto de Australia en tres rápidos sets.

Ayer, sin embargo, el tenista de Moscú aprovechó su espectacular servicio y concentración para arruinar la gesta de Djokovic.

Medvedev es el tercer tenista masculino ruso en alzar este título y el primero desde Marat Safin en el Abierto de Australia de 2005.

En medio de una enorme ovación, como pocas ha recibido en Flushing Meadows, Djokovic saltó a la pista con semblante relajado pero arrancó con un tenis frío y errático.

En el primer juego el serbio perdió el servicio y en el tercero, acumulando ocho errores no forzados, tuvo que salvar dos pelotas de quiebre para acercarse 2-1 gracias a dos aces. El número uno, falto de chispa, se atrincheraba tras su servicio para no descolgarse de Medvedev, que avanzaba con autoridad hacia la captura del primer set, que se embolsó con un último juego de dos aces.

Por quinto partido consecutivo, Djokovic se veía con desventaja de una manga y la necesidad de reaccionar. Nole tuvo en el segundo juego tres pelotas de quiebre pero el cañón ruso no se lo permitió.

El público trataba de transmitirle energía al serbio, que mostraba crecientes signos de tensión. Con ventaja 2-1 desperdició dos pelotas de ruptura y lo pagó golpeando con furia la raqueta contra la pista hasta destrozarla.

Al siguiente juego Medvedev logró su quiebre y ya no soltó su ventaja hasta quedarse con el segundo set sumando entonces 12 aces, por cinco de Djokovic. El lobo de Belgrado había remontado dos sets en otra final este año, frente a Stefanos Tsitsipas en Roland Garros, pero esta vez no llegó a mostrar su mejor versión y Medvedev mantuvo el dominio absoluto del juego.

Djokovic había prometido que lucharía por este triunfo como si fuera el último partido de su vida, pero terminó varios puntos sólo siguiendo la pelota con la mirada. El serbio alcanzó a salvar una pelota de partido y logró un último quiebre con el que se acercó 5-4.

Sentado en el descanso, Nole sonrió por única vez en la noche llevándose la mano al corazón para agradecer el apoyo del público.

Medvedev tenía una segunda oportunidad para evitar cualquier posibilidad de un nuevo milagro de Djokovic y selló el triunfo con su servicio.

“Para mí eres el jugador más grande de la historia”, le dijo Medvedev a Djokovic al final; “todo el público estaba con Nole y era entendible”.

Djokovic lloró. A pesar de la rabieta durante el juego, estaba desolado pero reconocía al campeón.

“Si hay alguien que merece un titulo de Grand Slam eres tú”, declaró el serbio; “eres de las grandes personas en el tour, deseo que ganes muchos títulos más y estoy seguro que estarás en esta misma escena de nuevo”.

“Quería pensar en este escenario y pensaba qué iba a decir al final. A pesar de no ganar, mi corazón está lleno de alegría porque el público me ha hecho sentir especial en la cancha. Nunca me había sentido tan bien en Nueva York, muchas gracias”, se despidió el número uno.

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