Todo inició como un sueño. El pequeño jugador dueño de excepcionales virtudes y de talento extraordinario. Pequeño por los años y por la estatura física que no correspondía con su edad. “La pulga” le decían desde entonces.

Pero los buscadores internacionales de un club de gran capacidad e historial como el Barcelona lo observaron y desde ya lo llevaron a las instalaciones del cuadro catalán para ficharlo. Y lo consintieron y mimaron para apoyarlo y proporcionarle tratamientos médicos para ayudarlo a crecer física y espiritualmente.

Y más allá de la hormona de crecimiento que le inyectaban lo imbuyeron de colores blaugranas y de mediterráneo . Se formó en medio de esas tradiciones de grandeza y firmó al lado de su padre un contrato en una servilleta. Sí, signó su destino.

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Y se hizo campeón de España y jugó innumerables partidos La Liga, la Copa del Rey y en la Liga de Campeones de Europa para bañarse continuamente de la gloria que proporciona el éxito.
Triunfos que no iban a la par de lo sumado con su selección albiceleste.

Lionel Andrés Messi Cuccittini , aquel nacido en Rosario, Argentina hace 33 años, que debutó a los 17 años en la temporada 2004-2005, que ha marcado 711 goles en 884 apariciones con su único club, quien ha conquistado seis Balones de Oro, cuatro Copas de Europa, diez de España, además de ser campeón olímpico, está llegando a un tope físico y mental como cualquier ser humano, porque es humano.

Y los tropiezos recientes, especialmente frente al Paris Saint Germain, hablan de una saturación real y de la seria necesidad de cambiar de aires… y por qué no, la capital gala pudiera ser un buen destino.

Quizá el dialogo con Mauricio Pochettino al termino de la goleada en Camp Nou pudiera ser un acercamiento a un nuevo sendero que mantenga el perfil de “La Pulga” como un verdadero gigante del futbol universal. O la de un cercano ocaso…

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