Todavía se piensa, de manera ilusa, que México puede ser campeón del mundo. La premisa que sólo pertenece al mundo de los videojuegos goza de buena salud entre los protagonistas del futbol mexicano. Así lo demostró Oribe Peralta, mundialista en 2014 y 2018, al aventurarse a decir que la selección no sólo puede pensar con el quinto partido (lo cual ya sería una hazaña) sino que también se puede ganar la Copa del Mundo en Qatar 2022.

“Sí, (hay) mucha fe. Hoy ya estoy del otro lado, soy aficionado y yo siempre pienso que México puede aspirar a más e incluso ser campeón. Yo creo que todo es posible en el fútbol y a veces infravaloramos algunos rivales por el nivel que están teniendo, pero cuando llega la hora de competir, México saca fuerzas de donde parece que no hay nada”, dijo el exjugador en entrevista con Marca Claro.

En realidad, si de declaraciones aventuradas se tratara, México sí que podría competir por el título del mundo. Ya se ha vuelto una costumbre. Como en el Mundial pasado, cuando Chicharito Hernández invitó a todo el país a soñar con “cosas chingonas”. Y sí, se le ganó a Alemania, pero una semana después ese furor murió gracias al golpe de realidad propinado por Suecia. Lo de Brasil, ya en Octavos de Final, fue un mero trámite. Todos sabían que México perdería porque así es como sucede en los días grandes: a las potencias es imposible vencerlas en instancias de vida o muerte.

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En el Mundial pasado, Andrés Guardado alzó la bandera triunfalista por todo lo alto. “Todo empieza por creer y soñar, y eso no cuesta nada. Guardando las distancias, el cambio de mentalidad y los títulos de España vinieron detrás de muchos fracasos. En México tenemos que decirlo sin miedo: “Podemos ser campeones del Mundo””, dijo el capitán tricolor, que además trajo a colación casos de historias impensadas, como para decir que, algún día, México también podrá: “Grecia fue campeona de una Eurocopa. Si nos lo creemos estaremos más cerca de conseguirlo que si no nos lo creemos”, fueron las palabras de Guardado para As.

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El Tri ha constatado en cada una de sus frustraciones mundialistas que soñar nunca será suficiente. Se puede argumentar que el quinto partido existió, en 1986, como locales, pero la llave que los aztecas ganaron no tuvo como rival a ningún jerarca del balompié internacional: se superó a Bulgaria. Por eso resulta extraña esa actitud valentona que inunda al futbol mexicano cada vez que la cita mundialista asoma en el horizonte. La autocrítica que se pide durante todo el proceso, particularmente en las eliminatorias, muta en un abrir y cerrar de ojos en una soberbia autocomplaciente y totalmente alejada de la realidad.

Porque ni los verdaderos candidatos a ganar el Mundial salen a decirlo. Y es que, a decir verdad, saben que se verían mal. Además de que quedarían expuestos al riesgo de no cumplir con sus pronósticos y evocar una ola de burlas que no tendría fin. En México prometer el cielo forma parte intrínseca de la fiebre por el Mundial. De repente, el nivel del futbol nacional puede equiparse al de las naciones más poderosas. ¿Por qué? No se sabe muy bien, pero los jugadores dicen que basta con creerlo, que visualizarlo es el primer paso hacia la gloria.

¿Messi ha dicho que Argentina va a Qatar para ser campeón? Apenas y lo menciona como una posibilidad y eso porque se lo preguntan. “No somos los candidatos a ser los campeones del mundo, pero le vamos a pelear a todos”, dijo en charla con TyC Sports hace cuatro meses. Lo mismo con las grandes estrellas de la actualidad. Pero aquí es muy sencillo soltar ilusiones al aire. Al final, cada promesa podrá ser justificada con el aire de un pretendido cambio de mentalidad. Quizá, sí, es necesario un cambio de mentalidad: dejar de vender humo y adecuar los anhelos a las posibilidades reales. Todos saldrían ganando.

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