La Banca en México deja de ser “exótica” para convertirse en mucho más conservadora, tras retomar con mucha fuerza el manejo de activos y pasivos, apuntó el doctor Raúl Álvarez del Castillo Penna, subtesorero de Análisis Cuantitativo e Inversiones del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

En la Sala Cuicacalli de la Unidad Iztapalapa de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), resaltó la necesidad de plantear las partes contables, financieras y matemáticas de los modelos, antes de basarse en aspectos que se usaban antes de la crisis económica de 2008 en el país. 

En el Ciclo de conferencias “La administración de riesgos desde una perspectiva financiera”, comentó que el modelo que se aplica en el BID es multidisciplinario, porque tiene qué ver con las licenciaturas en Administración, Contabilidad, Finanzas, Matemáticas y Administración de Riesgos.

Álvarez del Castillo agregó que la idea es calcular el valor justo de algunos activos y pasivos, además de todo lo relacionado con préstamos, bonos y Cetes para saber cuánto valen y cómo manejarlos, con el fin de lograr un balance adecuado de las finanzas y las empresas.

En su ponencia “Simulación de la curva de rendimiento en México mediante un modelo de tres factores”, sostuvo que con éste se busca un esquema lento, con pocas variables y que pueda ser manejable, un tipo de tesorería más prudencial que de innovación de instrumentos financieros.

Sin embargo, indicó que lo ideal es que replique lo que “hemos observado históricamente en el mercado, porque aun cuando la historia no predice el futuro, es un escenario que debe replicar el modelo”.

El especialista en finanzas y exfuncionario del Banco de México mencionó que este esquema sirve para calcular el valor de riesgo, es decir, “de cuánto sería la pérdida ante sucesos adversos para nosotros”.

No necesariamente es que suba o baje una tasa de interés, sino que se trata de evaluar las pérdidas máximas, hacer pruebas de estrés para saber si nos “hemos comportado en forma adecuada y si estamos bien capitalizados o no para una evaluación”, como lo ha retomado ahora la banca nacional.

Para este modelo se basó en las leyes de Nelson-Sieguel, con el fin de indicar qué pasaría si las tasas de interés tienen un comportamiento que fuera “muy en contra” de lo que tenga una compañía y cuánto estaría perdiendo, el objetivo del modelo.

La intención “es hacer simulaciones para decir en un caso muy extremo cuánto podría estar perdiendo o cuánto podría haber afectado en mi balance y en mis activos y pasivos”, añadió Álvarez del Castillo.

Como parte de las características del modelo está la presencia de saltos en la tasa de corto plazo, que son consecuencia de las decisiones de la política monetaria y que a su vez responden a cambios en las variables macroeconómicas, principalmente a la inflación.

El esquema busca ser consistente con la teoría de expectativas en el corto plazo, al incorporarlas dentro de los insumos que explican el cambio en la estancia de política monetaria.

Y además al añadir el factor de ajuste que le permite ser libre de arbitraje, estable con la teoría de liquidez en el mediano y largo plazos, e identificar si un instrumento se encuentra en un valor adecuado o si existe alguna oportunidad de arbitraje.

En nombre del rector de la unidad, doctor Rodrigo Díaz Cruz, el doctor Roberto Gutiérrez Rodríguez, jefe del Departamento de Economía, agradeció la participación de profesionales de muy alto nivel en aspectos esenciales del comportamiento de las empresas.

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