La creciente inflación que padecen los argentinos obligó a modificar hábitos de consumo, ya que muchos ciudadanos dejaron de cenar afuera, comprarse ropa o irse de vacaciones y recortaron gastos en productos básicos como alimentos.

Una de las principales promesas del presidente Mauricio Macri fue la de reducir los altos niveles de inflación que durante los últimos años de su antecesora, Cristina Fernández de Kirchner, oscilaron entre el 25 y 30 por ciento anual.

Estas cifras eran calculadas por consultoras privadas, ya que el kirchnerismo había intervenido el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec) y reportaba información que carecía de credibilidad.

En el caso de la inflación, el gobierno anterior nunca reconoció tasas superiores al 14 por ciento, pero bastaba acudir a supermercados para comprobar que el alza de precios era mucho mayor.

Con Macri en el gobierno la situación se agravó, ya que el año pasado la inflación superó el 40 por ciento anual, una cifra récord que se combinó con despidos masivos y un abrupto incremento de tarifas de gas, luz y agua.

Además, la inflación superó con creces las alzas salariales acordadas con los sindicatos, lo que redujo el poder adquisitivo de todos los trabajadores y sumió a un millón y medio de argentinos más en la pobreza.

En medio de ese panorama, Notimex realizó en las calles del centro de Buenos Aires una encuesta para preguntarles a los ciudadanos si habían recortado gastos y, en caso de ser así, cuáles eran.

Las respuestas principales fueron salidas a cenar, al teatro o al cine, compras de ropa y cancelación de las vacaciones.

El rango de cambio de hábitos es amplio y abarca desde actividades extraescolares de los hijos (ya no pagar cuotas de clubes de fin de semana), hasta la compra de segundas marcas en productos de limpieza del hogar y de belleza personal.

También mencionaron regalos de cumpleaños que ya no compran, al igual que libros, diarios, comida a domicilio, taxis y alimentos gourmet.

Otros dejaron de pagar gimnasio, sicólogo, trabajadoras del hogar, rebajaron sus planes de telefonía celular y televisión por cable e internet, dieron de baja su teléfono fijo y comenzaron a fumar cigarros armados, que son más baratos.

Las declaraciones coinciden con los datos oficiales que reconocen que el año pasado el consumo cayó en un 4.7 por ciento, lo que representó la tasa más alta de la última década.

El escenario no es alentador, porque el consumo cayó en febrero pasado un 6.6 por ciento y la inflación de enero-abril fue del 8.0 por ciento, superior a la que esperaba el gobierno con la esperanza de mejorar la situación económica.

Macri había anticipado que en 2017 habría una inflación de entre el 12 y el 17 por ciento y un crecimiento económico del 3.0 por ciento.

El Fondo Monetario Internacional no es tan optimista y prevé que la inflación será mucho mayor, del 21.6 por ciento, y que Argentina sólo crecerá un 2.2 por ciento.

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