En cuanto a apertura de mercados, Estados Unidos logró obtener más beneficios en la región de América del Norte con el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), pero perdió en términos globales con su salida del Tratado de Asociación Transpacífico (TPP, por su sigla en inglés).

En general, el TPP fue un tratado de libre comercio (TLC) firmado por 12 países de Asia Pacífico el 4 de febrero del 2016, después de ocho años de negociación.

Pero en enero del 2017, Estados Unidos notificó a los otros signatarios del TPP que no ratificaría el acuerdo, terminando efectivamente la posible entrada en vigor del TPP tal como estaba escrito.

El 8 de marzo del 2018, las 11 partes restantes del TPP firmaron el nuevo Acuerdo Integral y Progresivo sobre la Asociación Transpacífico (CPTPP), el cual esencialmente pondría en vigencia un TPP ligeramente modificado.

El nuevo acuerdo congeló 20 disposiciones que se incluyeron en el TPP, en parte ante la insistencia de Estados Unidos de estas disposiciones suspendidas, que incluyen compromisos en materia de inversión y derechos de propiedad intelectual, los cuales podrían reintegrarse si Estados Unidos considerara la posibilidad de volver a unirse al acuerdo.

Sin el TPP, Estados Unidos perdió la reducción y eliminación de barreras arancelarias y no arancelarias a los productos agrícolas y el poder abordar la resolución de disputas con respecto a las normas sanitarias y fitosanitarias. Tampoco podrá llevar a cabo la eventual eliminación de las tarifas de autos y autopartes. Obtendría además un tratamiento transparente y no discriminatorio hacia las empresas nacionales y extranjeras en las decisiones de compra del gobierno de Estados Unidos a nivel federal por encima de ciertos umbrales. Con ello, abriría por primera vez los mercados de adquisiciones de Brunei, Malasia y Vietnam a los países del TPP.

Asimismo, gozaría del desmantelamiento inmediato de la mayoría de los aranceles entre los países del TPP. Los compromisos arancelarios de Estados Unidos se hicieron de forma bilateral, y son más importantes para los países sin un TLC estadounidense existente (Brunei, Japón, Malasia, Nueva Zelanda y Vietnam).

Una vez que se hubiera implementado por completo, en promedio, 98 y 99% de las líneas arancelarias estarían libres de impuestos para las exportaciones e importaciones estadounidenses, respectivamente, con estos países. Por otra parte, en la región norteamericana, Estados Unidos logró incluir en el T-MEC una cláusula laboral única en su tipo, que entre 40 y 45% del contenido automotriz de América del Norte debe realizarse por trabajadores que ganen al menos 16 dólares por hora, como condición para que los automóviles crucen con arancel cero en la región.

Al mismo tiempo, obtuvo una cláusula que establece una vigencia del tratado sistemáticamente prorrogable de 16 años. En el año sexto a partir de la entrada en vigor, las partes podrán manifestar su intención de extender la vigencia del acuerdo por 16 años más.

Contradicciones

Para Luz María de la Mora, subsecretaria de Comercio Exterior de la Secretaría de Economía, el que Estados Unidos negocie acuerdos comerciales que reconocen la integración de las cadenas de valor, como lo es el T-MEC, resulta contradictorio con el hecho de que la región de América del Norte se cierre al mundo con aspectos como el endurecimiento de las reglas de origen automotrices.

“(El T-MEC) es un reconocimiento implícito y explícito de que el comercio internacional hoy es un comercio de producción global (…) Pero por otro, tiene una serie de reglas que lo que están buscando es desconocer esa fábrica global”, afirma.

“Suena un poco contradictorio tener reglas del siglo XXI que reconocen esta economía global y tener otras reglas del siglo XIX que obligan a que todo sea abastecido dentro de la región. Es un poco esquizofrénico”, remata.

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