Las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China tendrán un fuerte impacto sobre la economía global, especialmente sobre los dos países que pugnan por ser la primera potencia económica. El golpe en los indicadores macroeconómicos ya se está observando. En primer lugar, entre los flujos comerciales bilaterales entre los dos países y, en segundo lugar, en otros países a través de la caída derivada de la menor demanda global, según un análisis publicado por el Banco de España.

Pero, ¿cómo afecta la guerra comercial a la economía mundial? Lo hace de una manera directa y también de forma indirecta:

– De forma directa, el aumento del proteccionismo entre estas dos economías, que son las de mayor tamaño a escala global, provoca de forma directa cambios en la demanda y en los precios de los bienes. De hecho, según el supervisor financiero, “el aumento de los aranceles da lugar a una erosión de la renta disponible de los consumidores”. Hay dos efectos: que se reduce el consumo y la inversión. Por otro lado, se hace más atractiva la producción doméstica frente a la importada, que es lo que pretende Trump.

– De forma indirecta, se puede mencionar el “aumento de la incertidumbre, que merma la confianza de consumidores y empresas, lo que deprime el consumo y la inversión, y, en el plano financiero, con el aumento de la aversión al riesgo y el retroceso en las valoraciones de los activos”, según el Banco de España.

Las simulaciones del organismo que gobierna Pablo Hernández de Cos (que ha tenido en cuenta el efecto de los aranceles anunciados por ambos países desde mayo de este año) apuntan a que “se producirá una retracción significativa de la actividad en Estados Unidos, en China y también en el área del euro, dando lugar a una reducción del PIB mundial de un 0,25% respecto al escenario central en términos acumulados en 2019‑2021, con caídas del PIB de Estados Unidos y China del 0,26% y el 0,38%, respectivamente”.

De hecho, “el mayor impacto en la economía china refleja el hecho de que los aranceles estadounidenses afectan a un volumen de importaciones en relación con su PIB superior al que las autoridades chinas han represaliado. En cuanto al área del euro, su PIB se contraería un 0,2%, reflejando el elevado grado de apertura comercial, lo que la hace más vulnerable a la caída de la actividad mundial. La política monetaria expansiva que están adoptando los bancos centrales, los cambios en las cadenas de producción globales o la desviación del comercio hacia terceras economía podría variar este impacto, según el Banco de España.

Por el momento, ya se está produciendo una desaceleración en China y EEUU. En el segundo trimestre del año, China creció a un ritmo del 6,2% interanual, dos décimas menos que en el trimestre anterior y el menor ritmo en más de tres décadas, y las perspectivas es que su actividad continúe desacelerándose. En Estados Unidos el ritmo de crecimiento también es menor. A esto hay que sumar que el sector manufacturero de ambos países se está resintiendo por la contención del comercio mundial.

Mientras tanto, los bancos centrales están poniendo todos los estímulos posibles encima de la mesa. La Reserva Federal ha rebajado los tipos de interés y en China, además de permitir la depreciación del yuan, se barajan nuevos estímulos económicos y más bajadas de tipos para afrontar el desafío comercial, según el análisis del último informe trimestral de la economía española elaborado por CEOE.

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