Agencia Reforma

Uno no siempre tiene lo que quiere, sin importar que seas uno de los hombres más ricos del mundo

Este fue el caso del empresario Bill Gates, quien en 1986 decidió comprar un Porsche 959 para llevarlo a Estados Unidos, pero tuvo que esperar 13 años para poder manejarlo.

Durante ese tiempo, el vehículo estuvo resguardado por la Aduana estadounidense en San Francisco debido a que el vehículo no contaba con las pruebas de seguridad requeridas por parte de la Administración Nacional de Seguridad del Tráfico en las Carreteras (NHTSA).

No es que el Porsche 959 fuera un vehículo inseguro, sino uno cuyo desarrollo había implicado tanto dinero, que la empresa alemana no estaba feliz con sacrificar cuatro de sus unidades para aprobar las pruebas de seguridad en Estados Unidos.

Cuando el 959 se presentó a finales de la década de los 80 fue uno de los autos más avanzados de su tiempo. A pesar de que tenía un precio cercano a los 250 mil dólares de aquella época, la inversión de Porsche en él fue monstruosa y durante algún tiempo se afirmó que la compañía perdió dinero en cada uno de estos ejemplares a pesar de su alto precio. Por supuesto que esto tenía una razón de ser: el 959 fue el laboratorio de pruebas para mejorar la tecnología que luego pasaría a otros modelos como el 911; también fue usado como bólido en carreras y rallies.

Con un motor bóxer biturbo, un chasis regulado electrónicamente, un túnel de viento construido en aluminio, Kevlar y fibra de vidrio, éste fue el modelo con el que Porsche tocaba los límites de la innovación en la época. Y a pesar de que tenía un precio exorbitante, las poco más de 300 unidades disponibles se agotaron rápidamente.

Con ayuda de abogados, entusiastas y hasta distribuidores, Gates encontró la forma de que su amado 959 saliera de la oficina de aduanas, aunque le tomó 13 años. 

Fue en 1999 cuando se aprobó la ley ‘Show and Display’ que permitió a cualquier persona importar autos exóticos incluso aunque no cumplan con las disposiciones de la NHTSA siempre que tengan una producción menor a 500 unidades y una tecnología o historia de interés para exhibirse en Estados Unidos.

Además, la regulación estipula que no pueden conducirse por más de 4 mil kilómetros anuales. Pero claramente eso no importa para un tipo como Gates, quien recientemente adquirió otro Porsche, ahora eléctrico.

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