Los empleadores estadounidenses son parte del problema por su disposición a contratar millones de inmigrantes indocumentados, por lo que deben asumir su responsabilidad.

Una vez más, una crisis humanitaria se está cerniendo sobre nuestra frontera sur, conforme decenas y posiblemente cientos de miles de migrantes llegan de México, Centroamérica y todo el mundo con la esperanza de que el gobierno de Biden los deje entrar y quedarse en el país.

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La nueva administración sin duda les ha dado a estas personas —y a los traficantes que ganan dinero por llevarlas al otro lado de la frontera— razones para guardar esta esperanza: el gobierno declaró que detendría la mayoría de las deportaciones (una decisión que ya bloqueó un tribunal federal de distrito), frenó la construcción del muro fronterizo, anunció nuevas “prioridades” que limitan de manera considerable la aplicación de las leyes de inmigración, dejó de expulsar a los menores no acompañados en virtud de la autoridad otorgada a las autoridades de salud durante la pandemia para salvaguardar la salud pública y comenzó la eliminación gradual de los Protocolos de Protección a Migrantes, que ayudaron a impedir que las personas abusaran de nuestro sistema de solicitud de asilo y a poner un alto a la última ola de familias que llegaron a la frontera.

Como el embajador estadounidense en México más reciente, no me sorprende en absoluto la concurrencia en la frontera: es una repetición de la crisis humanitaria que atribuló la frontera poco después de que el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, entró en funciones en diciembre de 2018. Su gobierno también empezó por prometer que adoptaría un enfoque más “humano” con respecto a la migración y terminó por desatar una situación inhumana en la frontera. No fue sino hasta que el presidente Donald Trump amenazó con imponer aranceles al comercio transfronterizo que el gobierno mexicano cambió de actitud, y a partir de entonces los dos países han cooperado muy de cerca para reducir el flujo de migrantes provenientes de países terceros que atraviesan México para llegar a Estados Unidos.

Sin embargo, casi no se ha atendido el factor de más peso detrás de esta afluencia: la voluntad y capacidad de los empleadores estadounidenses de contratar a incalculables millones de inmigrantes. La gran mayoría de estas personas vienen a este país por la misma razón por la que siempre han venido: para trabajar (o reunirse con familiares que vinieron a trabajar).

Si no hay una iniciativa real que obligue a utilizar el E-Verify (el sitio web del Departamento de Seguridad Nacional que les permite a las empresas determinar la elegibilidad de sus empleados) y otros métodos relativamente sencillos para garantizar que las personas contratadas para trabajar en Estados Unidos tengan los documentos para hacerlo, nuestro país seguirá atrayendo a inmigrantes indocumentados y fomentando la inmigración no autorizada.

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