El queso es un negocio redondo. Las ventas mundiales de queso se han expandido año tras año hasta trepar a los 114,100 millones de dólares en 2019.

Un dato curioso es que la comercialización del queso es tan amplia y extensa que hasta los que lo negocian en el mercado negro logran sacar una buena tajada.

El resultado es que al menos el 4% de todo el queso producido en un año en todo el mundo termina en manos de los amigos de lo ajeno, lo que convierte a ese producto lácteo en el alimento más robado en el mundo.

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El robo de queso no sólo no es reciente sino que se mantiene al frente de la lista de los alimentos que más desaparecen de los supermercados, según un análisis realizado a 1,187 proveedores que abastecen a 250,000 tiendas minoristas de 43 países publicado por The Huffington Post.

Los empleados y ladrones profesionales que se hacen pasar por consumidores son las mayores amenazas de los comercios, dijo Joshua Bamfield, director del Centro para las Investigaciones Minoristas.

Los pasillos con frigoríficos para conserva y exhibir los quesos son el epicentro de un eficiente mercado negro que usa expertos para sustraer el bien del supermercado y revenderlo en tiendas y restaurantes.

También puede ocurrir que un paquete de queso termine en la cartera de una señora que no tiene suficiente para alimentar a sus hijos o dentro de la chaqueta de un joven que no resistió la tentación de llevarse una exquisitez que está fuera de su alcance.

Pero ese tipo de robos es el que menos impacto tiene en la industria láctea. La mayoría de los robos son perpetrados por el crimen organizado.

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