La resistencia a la corrosión y las altas temperaturas del iridio es tan extrema que se ha vuelto casi imprescindible en la fabricación de motores de avión, catalizadores de autos o tuberías de aguas profundas.

Su uso también se ha extendido a bujías, dispositivos médicos y electrónicos, e incluso se puede encontrar en relojes y brújulas en ínfimas cantidades.

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Pero tan resistente es como escaso. Por eso, en lo que va del año el precio del metal ha crecido 131%, superando incluso al aumento del bitcoin (alrededor de un 120%).

Cercano a los US$6,000 la onza, el precio del iridio es más de tres veces mayor que el del oro y las perspectivas de analistas del sector es que seguirá creciendo.

Esta tendencia alcista se ha acelerado porque hubo disrupciones de producción durante el año pasado y porque ha aumentado la demanda por el metal, especialmente para el uso en pantallas electrónicas, según los datos de la empresa Heraeus Group.

Un subproducto de la extracción de platino y paladio, el iridio se ha convertido en el último metal precioso en experimentar un espectacular repunte de precios debido a la escasez de suministro.

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