La administración del presidente estadunidense Donald Trump se convirtió en objeto de una avalancha de presiones por parte del sector agrícola, industrial, sindical y ecologista, así como de prominentes legisladores con motivo de su decisión de impulsar la modernización del TLCAN.

La notificación para el inicio de negociaciones con México y Canadá después de un periodo de 90 días detonó una oleada de posicionamientos de quienes quieren evitar que la renegociación afecte a sectores clave y quienes buscan adiciones o reformas mayores al acuerdo.

La administración Trump esbozó su interés de actualizar las áreas de propiedad intelectual, prácticas regulatorias, empresas estatales, servicios, procedimientos aduanales, así como en medidas fitosanitarias, trabajo, medio ambiente y pequeñas y medianas empresas.

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Pero la notificación formal evitó los objetivos más específicos que había incluido en el borrador inicial presentado al Congreso.

En este marco arreciaron los posicionamientos, desde la cúpula empresarial, rancheros, legisladores, líderes sindicales y activistas.

La Cámara de Comercio de Estados Unidos, el organismo empresarial más grande del mundo, urgió al presidente Trump a una rápida modernización del Tratado de Libre Comercio de Amércia del Norte (TLCAN), a mantenerlo como un acuerdo trilateral y a evitar cualquier alza arancelaria o barrera entre Estados Unidos, México y Canadá. “Debemos empezar por reconocer el valor del acuerdo para nuestro bienestar económico”, señaló su presidente Thomas Donohue.

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