Pemex aumentará su meta de refinación en un momento en el que este negocio deja márgenes de ganancia cada vez menores, y la demanda nacional e internacional de combustibles se ha visto mermada por la pandemia de COVID-19.

El pasado 5 de abril, el presidente Andrés Manuel López Obrador anunció que se destinarán diariamente 400 mil barriles extras a las refinerías para no “malbaratar” la mezcla mexicana en el extranjero, debido al bajo precio que ha mantenido el crudo nacional en las últimas semanas.

La postura de México ante la OPEP y aliados de solo bajar su producción en 100 mil barriles confirma la decisión de la administración actual por aumentar la refinación, dijeron analistas.

Aunque este anuncio apoyaría a la meta de soberanía energética, la medida tiene dos inconvenientes: la mala condición de las refinerías y el margen de ganancia casi inexistente que representa el negocio.

“Desde lo técnico ya es físicamente imposible, y lo es por tres problemas principales: se necesitan reconfigurar las refinerías y no hay dinero para ello; no hay almacenamiento suficiente o tanquería para hacer el cambio; y la logística, no hay transporte o ductos que permitieran hacer esto en corto plazo”, señaló David Rosales, socio en la consultora Talanza Energy.

En 2018, el último dato disponible, Pemex solo ganó 0.96 dólares por barril refinado, una cifra 82 por ciento menor a 2017, cuando el margen de ganancia por barril fue de 4.47 dólares por barril, según su último reporte a la Bolsa de Nueva York.

Aumentar la producción de refinados, dicen los entrevistados, podría llevar a la compañía a generar ‘número rojos’ por cada barril y llevarla a un escenario similar al de 2013, cuando perdió 1.84 dólares por barril.

“Es el peor momento (para refinar). Esta crisis es un momento de destrucción de demanda, lo que los mercados han mostrado es que la expectativa económica para el año es que la recuperación en la demanda no será rápida”, explicó Rosanety Barrios, exfuncionaria de la Sener.

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