El Centro de Estudios Económicos del Sector Privado (CEESP) consideró que México debe tener una actitud prudente sobre la reforma fiscal en Estados Unidos para observar y conocer los efectos reales en ese país y en los planteamientos que se realicen.

El organismo consideró que en los siguientes meses y con la nueva administración en México, tras la elección presidencial de julio próximo, habrá posibilidades de diseñar una nueva reforma fiscal de fondo, “no antes”.

Y en ese sentido, agregó, vale la pena plantear un proceso de trabajo con la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), para ir platicando y diseñando una nueva reforma.

Evidentemente, la coyuntura no permite que México tenga una respuesta en las mismas condiciones, pero tampoco se puede asegurar completamente que dadas las características de la reforma estadounidense ésta nos limite la competitividad fiscal, afirmó.

Señaló que la mayoría de los especialistas considera que una de las principales preocupaciones para 2018 se centra en los efectos que puede tener la reforma fiscal de Estados Unidos sobre la economía mexicana.

Hay que recordar que uno de los principales factores que fortalecen la estabilidad macroeconómica es la salud de las finanzas públicas, subrayó en su publicación semanal “Análisis económico ejecutivo”.

Si bien es cierto que en algún momento podrían requerirse cambios, más allá de una modificación en las tasas impositivas, los ajustes deberían concentrarse principalmente en la calidad recaudatoria y en la asignación eficiente de los recursos, estimó.

No obstante, la nueva reforma fiscal en Estados Unidos tiene varias características que vale la pena tener presentes, con el objetivo de hacer una evaluación más certera de su posible impacto, añadió.

El organismo de investigación y análisis del sector privado refirió que primero es importante diferenciar entre la tasa nominal del Impuesto sobre la Renta (ISR), que se redujo de 35 por ciento hasta 21 por ciento y la tasa efectiva.

Explicó que la tasa efectiva es aquella que pagan las empresas después de hacer todas sus deducciones sobre su utilidad contable y es mucho más alta que el 21 por ciento dado que con la reforma se eliminaron diversas deducciones.

Tal vez la más importante de estas, agregó, es la imposibilidad de deducir los pagos de impuestos realizados a nivel estatal, que van del 5.0 a 9.0 por ciento de los dependiendo de cada estado.

Por lo tanto, la tasa efectiva para las corporaciones será de entre 26 y 29 por ciento, antes de otras deducciones y de otros subsidios, refirió el CEESP.

Comentó que la tasa efectiva es de especial relevancia para las comparaciones internacionales, debido a que refleja en buena medida la competitividad fiscal de los países.

Para México, por ejemplo, aunque el cálculo de la tasa efectiva es complejo puesto que varía en función de cada sector, algunos estudios la ubican cerca del 12 por ciento, en tanto que otros consideran que se acerca más al 18 por ciento.

Por otro lado, comentó que el efecto de la reforma fiscal en Estados Unidos sobre las decisiones de las corporaciones es muy incierto, “posible que los ajustes fiscales no representen un estímulo importante para las empresas”.

Hay que considerar elementos como que actualmente las corporaciones cuentan con una enorme cantidad de efectivo en sus tesorerías (CASH), que sobrepasa los 2.3 billones de dólares (2.3 trillones).

Esta cifra equivale a una vez y media los fondos que ahorrarían las empresas como resultado de la reforma fiscal durante 10 años, estimados en 1.5 billones de dólares, lo que quiere decir que las corporaciones no requieren dinero para invertir.

Señaló que es muy poco probable que empresas y corporaciones cambien sus decisiones de inversión por la reforma fiscal, pues en una encuesta reciente solo 37 por ciento de empresas, medianas y pequeñas dijo que consideraría invertir, y el resto confirmó que pagarían deuda y comprarían acciones.

En ese sentido habría que ver con mucha prudencia, cuál es la reacción de empresas en el mundo y en México, con respecto a llevar a cabo inversiones en Estados Unidos, además “es muy probable que los efectos no sean significativos”.

Aseguró que cualquier modificación al régimen del ISR debería ser compensada por medidas que incrementen el ingreso exactamente en la misma proporción, y afirmó que ajustes en el gasto pudieran dar un pequeño espacio para cambios menores.

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