Corleone es una pequeña ciudad italiana que se ubica en la provincia de Palermo y que históricamente ha sido asociada a la mafia, ya que ahí han nacido algunos de sus grandes capos. Con esa fama, el escritor Mario Puzo la volvió universal en su libro El Padrino. Durante la década de los ochenta, a causa de la gravedad de los delitos ocasionados por la mafia en ese país, y con el propósito de poner un alto a su peligroso crecimiento, el gobierno decidió llevar a cabo un proceso penal para castigar a 475 criminales, acusados por delitos diversos. A ese hecho se le denominó el gran juicio, el macro proceso o el Maxiprocesso.

Cuando concluyó el proceso, fueron condenados 360, de los que 119 fueron juzgados in absentia. Con cadena perpetua resultaron 19 líderes de la mafia. Para realizar todas las etapas jurídicas y para cuidarse de la presión y amenazas de la Cosa Nostra, un valiente grupo de magistrados y policías tuvieron que acuartelarse en un bunker construido a prueba de bombas y ataques aéreos, junto a la cárcel del lugar.

Aunque varios delincuentes apelaron, el hecho de afrontar a la mafia como una institución y no aisladamente, y el alto número de sentencias de cadena perpetua, fueron factores que ayudaron a contener la delincuencia en Italia. Después del proceso, la mafia decidió moverse de otra manera, casi invisible, disminuyendo su rastro sangriento.

Aquel Maxiprocesso italiano se recuerda ahora en Veracruz, como una medida que debiera realizarse también aquí. La sociedad veracruzana observa el caos ocasionado a la economía estatal por Javier Duarte de Ochoa y sus decenas o centenas de cómplices, a quienes las  autoridades y la población acusa por la desaparición de recursos federales y estatales que fluctúan entre 35 mil y 100 mil millones de pesos. De manera paralela, y como si hubieran sido parte de organizaciones delictivas al estilo de aquellas mafias, durante esa gestión crecieron asesinatos, secuestros y desapariciones, entre ellos los de 19 periodistas caídos.

Y es que independientemente a las denuncias que presentaron las instancias afectadas, la sociedad se da cuenta del inusitado movimiento que en días recientes han tenido muchos de los implicados en esas anomalías, así como de los anuncios de ventas de mansiones y edificios en fraccionamientos de lujo, principalmente en la ciudad de Xalapa.

Es grave que no únicamente fueron los secretarios de despacho los que metieron las manos a los cajones del erario. De pronto y aparentemente de la nada, surgen nombres de ex funcionarios de medio pelo, que fueron partícipes de esos sucios banquetes y que están ofertando infinidad de inmuebles, vehículos de gama alta y negocios diversos. Es decir, aquí también están involucrados cientos de delincuentes de cuello blanco.

Como si fueran ventas de cochera, aceptando lo que ofrezcan los compradores, estas operaciones apresuradas, las están realizando esos pequeños pero millonarios cómplices, sin duda presionados por las delaciones que están haciendo varios de los capos duartistas, que al estilo de los pentiti (informantes italianos), están echando de cabeza a todos aquellos que puedan embrocar e intercambiar por impunidad.

Son cientos de ex colaboradores que durante el sexenio duartista movieron la economía xalapeña y provocaron la creación de grandes negocios en muchas ramas, entre ellos, el boom inmobiliario de fraccionamientos como El Lago, La Marquesa o Monte Magno. Apellidos como Aguirre, Del Castillo, Domínguez, Benitez, Rodríguez, Pichardo entre muchos más, han llamado la atención.

Así pues, el carnaval del vómito negro ameritaría un Maxiprocesso en Veracruz.

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