Jesús Lezama

Conforme transcurren los meses, van brotando las trapacerías y ambiciones del clan de los Ahued, un cerrado grupo encabezado por el director de aduanas Ricardo Ahued Bardahuil, por Antonio Ballesteros Grayeb y por el senador Ernesto Pérez Astorga, aquel bon vivant que llevó al fracaso una exitosa empresa familiar de llantas. En tiempos de color guinda-morado, los tres empoderados empresarios creen que pueden adueñarse de la capital de Veracruz como si fuese un botín personal.

Durante muchos años, Ricardo Ahued ha alimentado a un grupo de reporteros y columnistas encargados de difundir que el hidalguense es un hombre súper honesto, una brillante revelación de la política y un gran administrador de las finanzas públicas. 

Cuando fue alcalde de Xalapa, el aplaudido edil se rodeó de un grupo de hombres y mujeres afectos a la doble moral, acostumbrados a hacer creer que eran funcionarios impecables, aunque su vida en las callejuelas ha sido conocida de otra manera. 

De él y de sus más cercanos colaboradores, es de sobra conocido el cúmulo de deslealtades y el mundo de corrupción que los rodea. Para muestra un botoncito: Juan Manuel Velázquez Yunes, el carga maletas y zalamero duartista, pariente político del exalcalde xalapeño.

De Antonio Ballesteros Grayeb, el recuerdo de su juventud es fiel reflejo de su patética realidad, la que evoca a un parque junto a la catedral. Convertido ahora en un próspero empresario, por la presunta alianza comercial con un hijo del honestón Ahued, abrió dos sucursales de La Parroquia de Veracruz en Xalapa.

Ballesteros Grayeb llegó a sindico en el ayuntamiento de Xalapa durante la gestión de David Velasco Chedraui, gracias a una imposición de su Ricardo protector. Allí tuvo serias dificultades con el entonces edil, debido a su incompetencia tradicional, que para sostenerse en el cargo requirió la intervención del entonces gobernador Fidel Herrera. En la actualidad, y como se ha evidenciado en diferentes medios, sacó a relucir su insensibilidad, prepotencia y escasa moral, al despedir “temporalmente” a unos 60 empleados de la tradicional cafetería jarocha, demostrando cuánto es “el amor en los tiempos del coronavirus”, hacia los trabajadores.

El empresario Ernesto Pérez Astorga fue el primer secretario de desarrollo económico de Cuitláhuac García, también gracias a una imposición de Ahued y a quien le regalaron la suplencia al senado. Su paso gris por la dependencia fue total reflejo del bluff que motivó la quiebra empresarial del respetado -ese sí- Ernesto Pérez Villareal (EPD), quién prefería mantenerlo alejado de los negocios, porque en sus adentros, conocía la ineptitud de su hijo. Este hombre de mundo de caramelo, en ocasiones sirve en el senado de la república para levantar la mano a todo lo que le ordenan. 

Eso sí, no lo pierda de vista, ya que es un hombre afecto a eventos y fiestas donde sea necesario ir a cortar un listón o servir de comparsa. Seguramente cuando lo observan o escuchan, la gente se pregunta si este señor no puede esforzarse un poco más.

Se espera que las abundantes historias de este trío desafinado sean adecuadamente informadas a los exigentes xalapeños. Paciencia, se pide, porque aún hay más. 

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