Los errores, la corrupción, la ineficacia política y administrativa, la insensibilidad social y los reajustes necesarios para intentar enderezar el barco de la 4T, con miras a las elecciones del próximo año en Veracruz, provocaran, antes de que terminen las comparecencias de los secretarios cuitlahuistas, se dé un ajuste deseado y esperado dentro del poder ejecutivo.

Y es que la presión política y social que no ha sabido enfrentar el gobernador Cuitláhuac García y su gabinete (que parece cajón humillado), con su desconocimiento de la administración pública, falta de sensibilidad, nepotismo -y buenos para las corruptelas- ya terminó de cimbrar a los mandos superiores de la 4T. 

En el caso de Cuitláhuac García, su peor enemigo es Cuitláhuac García. A él le preocupó integrar un gobierno de amigos, no de personas idóneas, y algún día entenderá, si lo llega a entender, que fue gobernador de Veracruz. Para ser claros, no se le ve deseo, motivación, ni pasión para gobernar.

Por esas y más razones, los focos de alarma están a tope en el centro del país. Avizoran lo que viene contra el presidente López Obrador y su Movimiento de Regeneración Nacional el próximo año electoral.

No deje de estar atento. Recuerde que el billar y la política se relacionan en eso de los toques de bola, los tiros de tres bandas o con efecto lateral, el toque fino. Así que los que no han podido ganar jugando limpio, intentarán hacerlo jugando sucio.

Por cierto, Rocío Nahle, la zacatecana y secretaria de energía, volverá a imponer a otra persona para que ocupe un puesto clave en la gobernabilidad de Veracruz.

En este, como en muchos casos, se confirma que la política da muchas vueltas para finalmente detenerse en el mismo lugar.

Publicidad