Por Antonio Selem Hurtado de Mendoza

La frase se  la atribuyen a Albert Einstein: “Locura es hacer lo mismo una vez tras otra y esperar resultados diferentes” y no lo dijo refiriéndose a reestructuras financieras, pero aplica.

Existe un reto hoy en Veracruz: no es hacer más con menos; el reto es hacer todo sin nada. Y para ello se requiere imaginación y un gobernante decidido, ocupado del futuro de los veracruzanos y aplicado a ello.

El asunto más importante que afecta la vida de los veracruzanos, es, sin duda, la carga de la deuda heredada por las administraciones anteriores. El presupuesto anual del Gobierno de Veracruz es de $128 mil millones de pesos al año de acuerdo a la ley de egresos aprobada para este 2019. Es el tercer monto más importante del país para las entidades federativas. 

El pago de intereses que realiza el gobierno del Estado cada año es de aproximadamente 4 mil 500 millones de pesos al año -de los cuales es insignificante el abono a capital-, que sumado al desequilibrio entre ingreso y gasto cada año, deja prácticamente inmovilizado al Gobierno y por lo tanto, sin un peso para invertir en los servicios indispensables que debe dotar a la población. 

No hay inversión pública, los hospitales y los servicios médicos se encuentran en deplorables condiciones, no hay medicinas, las escuelas públicas no tienen mantenimiento ni acceso a nuevas tecnologías y así cada una de las áreas de desarrollo económico y social de nuestro Estado están rezagados y empeorando. El campo no produce ni el turismo es lo que pudiera ser. El desempleo y la inseguridad ascienden y son mellizas. La migración por falta de inversiones también. La autoestima de los Veracruzanos baja y no somos el Estado más deseable para invertir, trabajar o vivir.

Hay serias dudas sobre si este Gobierno, a pesar de sus buenas intenciones, tiene el oficio y talento que se requiere para gobernar en aguas turbulentas. En 1985 se hablaba de la posible remoción del gobernador. “Para el buen navegante, no hay malos vientos” solía repetir el ex gobernador Don Agustín Acosta Lagunes aludiendo a Séneca y acabó su gobierno con un excepcional manejo financiero y una impresionante obra pública. La seguridad la llegó a arreglar en 40 días, otra gran mandatario veracruzano, de cuando gobernar era un arte: el inolvidable Don Fernando Gutiérrez Barrios. Cada uno experto.

Hoy Veracruz requiere lo mejor de ellos sintetizado en el gobernante actual. Para ello requiere ser humilde, escuchar y rodearse de los mejores; no de aduladores que echan a perder aún a los políticos más avezados.

La semana pasada, el Congreso del Estado aprobó la reestructuración de 41 mil 700 millones de la deuda estatal a iniciativa del Gobernador del Estado. La propuesta busca liberar 2 mil 700 millones de pesos en este sexenio y alrededor de otros 1,900 millones de pesos durante los primeros tres años del gobierno estatal próximo. También bajar el plazo de pago de 21.5 años a 20 años. Para ese entonces, la deuda y el déficit acumulado obligarán a una nueva reestructura haciendo impagable esta eterna losa que asfixia la economía de las familias veracruzanas. 

Nunca ha quedado claro a cuánto asciende realmente la deuda estatal que paga intereses y fue contratada en diferentes fechas durante las administraciones anteriores cuando la tasa de referencia TIIE oscilaba en 5 puntos anuales. Por ello se infiere que la deuda podría alcanzar los 90 mil millones de pesos si hubiera sido pactada a tasas cercanas a esos 5 puntos. Tampoco sabemos quienes son los acreedores ni las características de los contratos; menos qué gastos y notarios participaron en la formulación de los mismos.

Pero más allá de la cifra real de la deuda, lo que es una verdad inobjetable es que se tiene paralizado y sin futuro a Veracruz. 

¿Porqué se proponen soluciones como la reestructura que no significan un alivio comparando lo desproporcionado del beneficio contra la magnitud de la carga financiera?. Un Gobierno como Veracruz no hace nada con una  inversión de 1, 700 millones de pesos en 5 años tras descontar los mil millones que se pagaran por la reestructura.

¿Porque seguir pagando intereses cuando el Gobierno del Estado tiene una herramienta de negociación de la deuda altamente deseable para cualquier institución bancaria?: el ejercicio de su presupuesto anual con la dispersión de pagos de nómina estatal y el gasto, a través de las instituciones bancarias, lo que se hace con cheques, transferencias o tarjetas de débito que no generan intereses para el Estado ni para sus empleados o beneficiarios y sí grandes ingresos para los bancos.

¿Cuánto significa de utilidades a un banco, manejar sin costo financiero 128 mil millones de pesos y tener cautivos a 90,600 empleados más la chequera de los beneficiarios de esos pagos?

Mucho, muchísimo más que los 4 mil 500 millones de pesos que cobran al gobierno del estado por intereses.

Si el gobierno del estado pusiera a subasta entre sus acreedores bancarios, la exclusividad en el manejo de esos recursos, se la pelearían, ofreciendo al estado las mejores condiciones. Eso nunca se ha hecho, pero para salir de las Crisis, se requiere de imaginación y rigor, como lo decía el gran economista del siglo pasado John Maynard Keynes.

El actual Gobernador y su Secretario de Finanzas, así como los integrantes del Congreso, deberían analizar esta propuesta y observar su racionalidad, para condicionar esa subasta y exigir para las arcas estatales, en contraprestación, la cancelación del pago de intereses y la deuda: no sería necesario reestructura alguna.

Hacerlo, salvaría a Veracruz de la profunda crisis económica que tiene comprometido su futuro y perdida la esperanza de la mayoría de sus 8 millones de habitantes. La deuda estatal generada por malas prácticas y falta de rigor, se ha vuelto una losa que agobia a las familias veracruzanas. Para los gobernantes, no sólo es su obligación legal velar por los intereses del pueblo, sino una necesidad moral y ética que todo veracruzano debería apoyar.

Veamos:

¿Cuál es el negocio bancario en este asunto de la deuda veracruzana?

Recaudar y colocar 128 mil millones de pesos a la tasa TIIE (8 puntos) más otros 8 puntos de intermediación en préstamos a terceros a tasas comerciales del 16 por ciento anual representan a los bancos un ingreso anual de: 20 mil 480 millones de pesos sin considerar comisiones.

¿No sería justo que el 50 por ciento de esos recursos se dedicara al pago de capital adeudado e intereses?.

Pero en las condiciones actuales, esta captación de recursos le cuesta cero pesos a los bancos y además el gobierno estatal está pagando 4 mil 500 millones de pesos anualmente de intereses. Impensable que tenga que pagar porque le presten su propio dinero y además pague otros mil millones de pesos por “gastos” de reestructura.

Señor Gobernador: 

Respetuosamente le propongo hacer una análisis de negociación con acreedores usando su mayor fortaleza: la deseabilidad de cualquier institución acreedora por tener exclusividad en el manejo del presupuesto estatal.

Inténtelo. Los veracruzanos se lo reconoceremos.

Publicidad