Pepe Valencia

Si preguntaran a los mexicanos si quieren que el ejército siga combatiendo a la delincuencia organizada, la mayoría contestará que sí. Todos anhelamos paz y tranquilidad. Los opositores, por su parte, responderán que las fuerzas armadas no han podido reducir los índices de violencia y que la inseguridad se ha incrementado. 

El debate sobre la militarización y la ampliación del plazo para que el ejército continúe en las calles se ha polarizado.

Si la participación de los valientes soldados y marinos hubiera rendido frutos y ello se reflejara en mayor seguridad, menos asesinatos, secuestros, levantones  y extorsiones, en la erradicación de los cobros por derecho de piso, etcétera, júrenlo que la gente les aplaudiría por su intervención en esta cruenta lucha que tantos muertos ha provocado.

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Sin embargo, hasta hoy, la estrategia de abrazos, no balazos, ha derramado mucha sangre y generado humillaciones en agravio de los otrora gallardos y  orgullosos militares.

Analistas y personas malpensadas sugieren que el  fondo del empoderamiento de las fuerzas armadas no es para luchar contra el hampa, sino una audaz estratagema  obradorista para perpetuarse en el poder, porque con el apoyo militar podría inclinar a su favor las elecciones del 2024 imponiendo un candidato afín o  maniobrando para ampliar el período presidencial.

El pueblo quedaría entrampado a dos fuegos, entre las armas de los criminales y las de los militares.

Nadie en su sano juicio desea un régimen  castrense ni un gobierno arrodillado ante los cárteles.

Es inaudito el afán de mantener al ejército en las calles hasta el 2028 al margen de la Constitución si no se han logrado resultados satisfactorios en materia de seguridad pública.

No querrán los militares regresar tan fácilmente a los cuarteles y ni AMLO ni nadie los controlará después de haber probado las mieles del poder. Incluso aunque la Constitución establezca que los debe encabezar un civil, terminarán por mandar ellos, los militares.

Son evidentes las ominosas señales de una inminente militarización.  ¡Aguas!

SIN ALIANZA, NO HAY GUBERNATURA

Cambio de tema.  Hasta el momento los momios van parejos entre los Yunes azules y los Yunes rojos. Quizá aparezcan otros aspirantes de aquí al 2024 pero con remotas probabilidades de alcanzar la candidatura.

Si los partidos opositores a la CuatroTé no van en alianza, volverán a perder la gubernatura.

Por Morena, llevan la ventaja Rocío Nahle García y Sergio Gutiérrez Luna, seguidos por Ricardo Ahued Bardahuil. 

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