Manuel J. Jáuregui

Un muy caluroso y afectivo Día de las Madres, por supuesto, a todas las mamás que nos hacen el favor de acudir a esta cita, y especialmente nuestra solidaridad a aquellas que han perdido hijos, ya sea por accidentes, como el de la Línea 12 del Metro, o a manos de la VIOLENCIA RÉCORD que se ha apoderado de México.

Y también a las mamás de las víctimas del Covid, cuyas vidas fueron sacrificadas innecesariamente por negligencia del Gobierno, tanto por reaccionar tarde a la pandemia como por fallar al no comprar las necesarias dosis de vacunas, acaparar el proceso de vacunación y haberlo hecho sumamente lento y disperso.

Dicho lo anterior, agregaremos que nos parece inexplicable, y por supuesto condenable, la escasa EMPATÍA que el Presidente López ha mostrado en torno a la tragedia del colapso del Metro elevado en la Ciudad de México.

¿Acaso veintiséis MUERTOS y cerca de 70 heridos se le hacen poca cosa al Presidente, quien le aporta una gran cantidad de su tiempo a la grilla política electoral, pero muy escaso al tema del colapso de una obra reciente, costosísima, y cuya construcción estuvo a cargo de su delfín Marcelo Ebrard, mientras que su crítico mantenimiento por cuenta de su repuesto consentido, la Jefa del Gobierno capitalino, Claudia Sheinbaum?

La única ocasión en la que el Presidente se ocupó de hablar de esta horrible tragedia, que no es normal y que no debe suceder, fue solamente para absolver de toda responsabilidad a Sheinbaum y Ebrard.

Ello sin que haya aún peritajes, o se sepa con certeza qué causó esta falla catastrófica: es decir, un error de construcción, error de planeación o falta de una adecuada atención a su mantenimiento.

¿Cómo es posible que Japón (y China y Francia y España) puedan construir trenes que viajan a más de 200 km/h con plena seguridad -y en algunos casos 300 km/h- y en México no podamos circular unos cuantos vagones a paso de tortuga por un viaducto elevado sin que haya una catástrofe?

Repetimos: esto no es normal, por lo mismo debería acaparar toda la atención de nuestras autoridades, sobre todo cuando se trata de una que se mete en todo, opina de todo, y se cuelga las medallas de todo lo que sucede en México, incluso de que se haya logrado apagar un incendio (el sábado en la refinería de Minatitlán), lo cual sería excepcional sólo en el sentido contrario, esto es, que no se haya podido apagar.

Cuando las inundaciones en el sureste, hace unos meses, el Presidente López hizo acto de presencia en helicóptero, recorrió la zona (de pasada exculpó a la CFE, la cual claramente tuvo algo de culpa, ya que abrió unas compuertas de la presa a sabiendas que poblaciones río abajo serían arrasadas), y se tomó no una, sino mil fotos.

Pero ahora, en el caso de la tragedia de la Línea 12 ¡fuchi las fotos!, “yo no soy así”, etcétera, etcétera.

Pues no será así para la Línea 12 ¿pero qué tal en Minatitlán el sábado?, fotos, videos y todo el rollo del aparato de prensar (que no de prensa) de la Presidencia?

¡Curioso! ¿No les parece, amigos lectores?

Da pie a que se haya generado una hipótesis, o más bien otra, sobre sus mañas favoritas, o su táctica más socorrida y a la que acude siempre que se genera algún hecho controvertido o negativo que genere crítica para su Cuarta Trastornación: CAMBIAR DE TEMA prendiendo lumbritas.

No le conviene, electoralmente, hablar de un tema como la tragedia de la Línea 12, entonces se arranca atacando sin ton ni son a un candidato a la Gubernatura de Nuevo León ¡que ni siquiera es el líder en las encuestas!

¡En tres mañaneras consecutivas!

Como si ese tema fuese el más importante, o PRIORITARIO, en la agenda presidencial.

Que de pasada debe observarse que, al conducirse así, puede que tenga un éxito escénico, esto es, que logre distraer la atención, pero en el fondo lo que tiene es un fracaso administrativo, pues hace creer a la población que ganar las elecciones -para él- es algo más importante que la vida y el bienestar de los mexicanos.

A lo cual se debe que la pérdida de vidas y el SUFRIMIENTO HUMANO causados por esta tragedia de la Línea 12 del Metro capitalino que se origina en alguna negligencia de sus subalternos, aparente ser POCA COSA para un Presidente ocupado más -y preocupado más- por sacar adelante a sus candidatos para las elecciones de junio que la buena marcha del País, y hacer justicia a los afectados por la tragedia del colapso del Metro.

Por último: nos parece vergonzante que SU Gobierno le ponga un precio de 650 mil pesos a la vida humana. Efectivamente, en México y para el Presidente López, como dice la canción ranchera: “La Vida no Vale Nada”.    

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