Agustín Basilio de la Vega

En el libreto del populismo del Foro de Sao Paulo y de otros populismos europeos, el ejecutivo debe capturar a los árbitros y colonizar el poder judicial para así controlar al gobierno en su conjunto y eliminar cualquier obstáculo. El populismo improvisa y es impaciente con los procesos legales y los estudios técnicos por lo que necesita facilidades en la implementación de sus políticas públicas.

Los ejemplos abundan en América Latina y Europa:  Venezuela, Bolivia, Rusia, Polonia etc. después de alcanzar el poder ejecutivo  por la vía democrática, se apoderan del legislativo y luego del judicial para estar en condiciones de cambiar sus Leyes o su Carta Magna  e impedir que los ciudadanos se amparen o combatan ordenamientos inconstitucionales. Chávez y Evo cambiaron las Constituciones de sus respectivos países y  Víctor Obran de Hungría,  en el 2010, elaboró una  Constitución Nacional tras un falso proceso de “auténtica consulta pública”.

Con jueces y magistrados a modo, estos gobiernos que se auto nombran representantes únicos del verdadero pueblo y que descalifican todas las opiniones que discrepan de sus propuestas o programas, pueden ejercer el poder de manera autoritaria y sin contrapesos pues si alguien se inconforma ante las instancias judiciales estas fallara en favor del gobierno.

En México,  al tener mayoría en el congreso de la unión el partido populista de izquierda Morena, ha iniciado una serie de reformas para darle más poder al Estado. Han aprobado la Ley de Extinción de Dominio y han ampliado la gama de delitos graves en contra de los contribuyentes. Ahora el gobierno puede quitar propiedades a los particulares “sospechosos” y encarcelar a presuntos “defraudadores” fiscales.

Para aumentar el poder del Estado frente a los ciudadanos, el gobierno mexicano ha iniciado una ofensiva en contra de la autonomía del poder judicial  presionando para que renuncien magistrados y jueces incomodos y proponiendo incondicionales al gobierno en turno.

Aunque todo lo anterior fuera de buena fe, es un grave error. Los regímenes autoritarios se convierten en dictaduras y comienzan por justificar el cambio de leyes y de magistrados para implementar sus planes pero a la larga sirven para controlar y encarcelar a los opositores. En cambio, los regímenes liberales y democráticos, protegen los derechos de los ciudadanos frente al Estado, fortalecen la presunción de inocencia, evitan arbitrariedades y protegen los derechos humanos.

Los mexicanos estamos divididos pues unos están  a favor de una hegemonía  y otros de defender la democracia plena, hay quienes apoyan al presidente López y hay quien no están de acuerdo con él. Para los primeros, la democracia liberal es lenta en dar resultados, se desesperan por que no se resuelven los problemas rápido o por que los resultados del desarrollo son graduales y para los segundos, la democracia, aunque tome su tiempo en resolver las condiciones de vida, es la mejor manera de gobierno por que respeta al ciudadano y acota las facultades del Estado.

México está en riesgo de dar un giro hacia el autoritarismo, el voluntarismo y los dictados de un caudillo providencial que se dice encarnar la voluntad del pueblo y se está consolidado el apoyo incondicional  de millones de personas que reciben dinero en efectivo a través de los “siervos de la nación” que construyen un ejército electoral con jóvenes y otros beneficiarios.

Ahora, el gobierno mexicano,  ha iniciado la  colonización del poder Judicial con el sencillo pero eficaz método de “pan o palo” del pofiriato ósea: cooperan o cuello.

@basiliodelavega                                          14 de octubre de 2019

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