Atanasio Hernández

“¿Qué derecho tiene un señor o señora de creer que por escribir una columna tenemos que creer que es verdad lo que dice?”.

José Saramago

Hoy más que nunca tiene vigencia una rola de Alex Lora que describe perfectamente lo que está pasando: se ha soltado una epidemia… ¡de jijos de la chingada! No es para menos, tenemos a medios matando personas sólo para golpear al Presidente; a políticos aprovechando la emergencia para subir sus bonos políticos: gobernadores, alcaldes, diputados, e incluso políticos insignificantes como, en Xalapa, el panista Omar Miranda, Mirandita, le dicen, por chiquito.

Ayer el diputado acudió a la Oficialía de Partes del Ayuntamiento de Xalapa, a donde llevó una serie de estupideces que, en los hechos, ya suceden, como el descuento del 50 por ciento en el cobro de agua a los que más lo necesitan (Xalapa cobra baratísima el agua a las familias que viven en las zonas más pobres), así como a los adultos mayores.

Y dirán, ¿pero qué tiene de malo? Sus intenciones. No busca ayudar, porque, si lo hiciera, primero entablaría un diálogo con los regidores emanados de su partido, Acción Nacional, a saber: Ana María Córdova, Érika Yerania Díaz y Pedro Alvarado, quienes tienen voz y voto en las decisiones del Ayuntamiento, y capacidad de proponer ante el Cabildo cualquier iniciativa.

Segundo, el tipo es un diputado, DIPUTADO, es decir, puede proponer al Congreso del Estado, a la Comisión correspondiente, cabildear y tener más capacidad de acción. Pero no, el insignificante diputado decidió hacer un espectáculo mediático, llevar a un camarógrafo, montar un escenario para que, cuando le sea rechazada su propuesta, llamar a conferencia de prensa y escupir a los medios que el Ayuntamiento es insensible, que es momento de un cambio.

Sí: deleznable, reprochable,  insensible, oportunista, de un cinismo desvergonzado.

LA OTRA FAUNA

Y debajo de los políticos, incluso de los chiquititos e insignificantes como Omar Miranda encontramos aún otra fauna más deleznable: aquellos que les cobran para lograr sus objetivos: medios de comunicación, y entre ellos, columnistas.

Pongo por ejemplo a Raymundo Jiménez, quien en algún momento fue llamado “el mejor columnista de Veracruz”, el más leído, el más difundido, su columna, Al pie de la letra, salía en todos los medios, impresos y más tarde, digitales. Para un político, estos columnistas son oro molido, a quienes pagan mensualmente para que hablen bien de ellos, para que justifiquen sus acciones o los mencionen.

O simplemente, para que no los mencionen, para que los ignoren. También cobran, y más caro, sus silencios.

Y en épocas de campaña, incluso ofrecen, tal cual, sus espacios editoriales, y algo llamado “los comentarios” son insertados en sus espacios. Raymundo era el mejor pagado en la época de Fidel Herrera, pero sobre todo de Javier Duarte, dicen que tan sólo Gina Domínguez le daba 70 mil pesos mensuales. A eso súmele lo que les daban secretarios, alcaldes, diputados, funcionarios, políticos…

Y muchos columnistas, encontrada la mina de oro, no se quedaron satisfechos y abrieron medios de comunicación, que se propagaron como epidemia, para recibir aún más dinero. Raymundo no lo quiso, no era su estilo. Pero el dinero se acabó, la mina se cerró, y ni modo, más rápido cae un columnista que un cojo.

Ahora, desde su medio, Espejo del Poder, financiado por el Partido Revolucionario Institucional (PRI) vía Miguel Valera, ex jefe de prensa de Américo en el Ayuntamiento y más tarde en el CDE del partido, y quien es hoy el subdirector del medio electrónico desde donde golpea a los gobiernos morenistas.

Pero el dinero no alcanza, y ya abrió su cartera a los panistas, desesperados porque no suben en las encuestas y su escenario, ante los recortes a partidos, es más que desolador.

Bien lo dijo Alex Lora: Se ha soltado una epidemia.. de jijos de la chingada.

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