Isabel Turrent*

La cosecha del pepenador de ideas en el basurero de la historia fue tan magra que es, de hecho, la receta perfecta para retroceder al subdesarrollo

Roger Bartra es un hombre de ideas. Es también un hombre de izquierda -que ahora se asume, y yo comparto su posición, como un socialdemócrata-. Desde ahí ha sido un observador inteligente, crítico y minucioso de la política mexicana. Un mirador muy complicado cuando se trata de encasillar a alguien como López Obrador en el abanico de tendencias políticas del país y del mundo. Tal vez por eso hay que empezar a leer su libro, Regreso a la jaula. El fracaso de López Obrador, del centro hacia fuera, de “Retropopulismo y extravagancia” y “Pepenador de ideas”, hasta sus artículos que analizan la campaña de López Obrador desde su arranque al principio del libro hasta el panorama antes de las elecciones de junio, al final.

La cosecha del pepenador de ideas en el basurero de la historia fue tan magra que es, de hecho, la receta perfecta para retroceder al subdesarrollo. La autarquía económica del trapiche, con su rosario de subsidios y subvenciones, que supuestamente haría al país autosuficiente en tres años en la producción de maíz y frijol, nos ha empobrecido a todos. “Todo esto es absurdo”, dice Bartra, “pues la economía campesina es marginal e ineficiente, el autoconsumo en las comunidades es sólo una forma de sobrevivencia para quienes viven en la miseria”. La reforestación prometida ha culminado ya en un desastre ambiental y el supuesto rescate del sector energético, con todo y la refinería de Dos Bocas, es un sueño de opio sin futuro en un mundo que se está moviendo a las energías alternativas. El tercer eje de la cosecha de ocurrencias de López Obrador es la construcción de obras inútiles como el tren maya o Santa Lucía.

Ello explica, por cierto, que Bartra se haya equivocado -como lo reconoce- en sus artículos antes de la elección de 2018 cuando predijo una y otra vez que López Obrador perdería. No había programa lopezobradorista por el cual votar. Pero también que haya encontrado parte de la clave que explica el triunfo de López: el PRI le abrió la puerta de la Presidencia. Dirigió flujos de votantes hacia Obrador, Peña Nieto debilitó la candidatura de Ricardo Anaya, el candidato del Frente, usando la Procuraduría General y la corrupción de su gobierno alimentó el descontento del electorado.

Ganó, y Roger Bartra se puso a pensar qué tipo de sistema nos ha impuesto López Obrador desde que llegó al poder: un “peculiar retropopulismo” que pretende restaurar el populismo nacionalista de los tiempos de Echeverría y López Portillo. Una restauración que es imposible porque no ha ocurrido jamás, y que este gobierno ha emprendido a espaldas de la historia. El legado de Echeverría y López Portillo fue un desastre económico y político.

López Obrador vive, en efecto, en el pasado: pero uno que se ha construido a la medida. Abre su saco de pepenador de ideas y saca la que le conviene para proseguir con la única tarea que le importa: acumular poder. En su muy personal sicología los “conservadores” están tan vivos como en los tiempos de Juárez -no conozco ninguno- y los “porfiristas” -whatever that means- han seguido haciendo de las suyas aunque fueron derrotados en 1910. Ahora ya no habla de la mafia en el poder -porque la mafia del poder son él y sus aliados- pero sí de un neoliberalismo difuso que nunca ha podido definir. En este pasado alternativo viven gentes rarísimas como los “fifís” y no existen los derechos humanos. La inteligencia y el conocimiento son bienes sospechosos a los que hay que destruir a como dé lugar.

En el mundo retropopulista autoritario de López la crítica y los opositores no caben. Para eso es muy útil sacar de su saco su disfraz de izquierda y emprender una luchita de clases donde los críticos y los liberales demócratas se transforman en conspiracionistas o, peor aún, en “traidores” que están del lado equivocado de la historia. Los “burgueses” han corrido la misma suerte. Este marxismo trasnochado le ha permitido a López Obrador denunciar a empresarios, fortalecer el estatismo y decidir desde Palacio quién merece la vacuna anti Covid y quién no.

Para entender este “amasijo incoherente” de ideas y las políticas que han derivado de él, lean a Roger Bartra.

  • Estudió Historia del Arte en la UIA y Relaciones Internacionales y Ciencia Política en El Colegio de México y la Universidad de Oxford, Inglaterra. Ha publicado cinco libros sobre asuntos internacionales, y en el 2006, La aguja de luz, una novela histórica sobre Mallorca. Es colaboradora de Letras Libres y editorialista de Reforma desde su fundación. Ha impartido cátedra en las principales universidades del país sobre temas internacionales.
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