Carlos Elizondo Mayer-Serra*

En América del Norte tenemos hoy un presidente transformador. Su proyecto incluyente y redistributivo es admirable. Lamentablemente no estoy hablando de AMLO, sino de Joe Biden.

El presidente de Estados Unidos habla poco, pero lo hace con claridad. Busca convencer, no polarizar. No improvisa, sino que parte de una visión integral del país al que aspira y entiende la compleja estrategia necesaria para lograrlo, incluido el rodearse de funcionarios experimentados y competentes.

Se trata de una ambiciosa agenda de inclusión de las minorías y de ampliación de derechos sociales. Si bien busca cambios legales, como ampliar el derecho al voto, tiene claro que esto no es suficiente; se requiere gastar más en la construcción de un Estado que provea más. Su programa social redistributivo incluye transferencias directas a las familias con hijos, llevar cuidadores y enfermeras a los hogares de los adultos mayores (con un impacto importante en la creación de empleo y liberando a mujeres que hoy cuidan a un familiar), universidades comunitarias gratuitas, reducir el número de personas encarceladas y mayor acceso al sistema de salud. Incluye también una mayor intervención del Estado, pero en aquello que el mercado no puede hacer bien, como impulsar innovación de largo plazo, inversión en energías limpias, y un ambicioso plan de infraestructura pensado en las necesidades del país, no en los caprichos del Presidente. Una parte de esta agenda se financiará con deuda pública. Otra, para que sea sostenible en el largo plazo, con una ambiciosa reforma fiscal redistributiva.

En sólo 100 días, un grupo de expertos elaboró un proyecto bastante sólido y congruente. No cambia de forma retroactiva ley alguna, no diseña programas para obstaculizar la inversión privada; por el contrario, busca potenciarla a través del incremento en el gasto e inversión pública. Uno de sus objetivos es un mayor crecimiento económico, eje fundamental para darles empleos bien pagados a millones de sus ciudadanos. Algunos protestarán por el aumento en los impuestos propuesto, a nadie le gusta pagar más, y los republicanos son una oposición dura y sin ánimo de negociar, pero Biden no se está peleando con el motor real del crecimiento: la inversión privada. Sabe que sin ella no hay crecimiento, y sin crecimiento no se tendrán los ingresos fiscales para pagar su transformación.

No toda su agenda llegará a feliz puerto. Tiene una estrecha ma- yoría en el Congreso y los legisla- dores de su partido no son sus empleados. Esto lo ha obligado a argumentar, negociar y convencer, no simplemente imponer.

Biden puede ser el presidente de América del Norte que más contribuya al bienestar de los mexicanos. Primero, por su ambiciosa reforma migratoria. Nada más valioso para los millones de mexicanos indocumentados que una vía legal para obtener la residencia. Segundo, porque Estados Unidos va a crecer más del 6 por ciento este año. Esto explica el incremento en las remesas a México y el crecimiento de nuestras exportaciones.

Con mucho más poder relativo y legitimidad que Biden, AMLO no los aprovecha para tener un país más incluyente, más justo, con mayor crecimiento. El grueso de su atención está en lo que a él le interesa, algunas obras, algunos programas, su muy particular visión de cómo luchar contra la corrupción y, sobre todo, acumular más poder.

Los historiadores del futuro se preguntarán por qué dos presidentes en principio progresistas y transformadores no pudieron trabajar juntos para incrementar la integración de la región y tratarán de explicar, por lo que hoy vemos, el que sólo Biden transformó para bien a su país. Ojalá AMLO volteara a ver a Estados Unidos y repensara su estrategia, pues de seguir por el camino trazado hasta ahora, la brecha de riqueza y bienestar entre Estados Unidos y México se ampliará de forma dramática en los siguientes 4 años.

@carloselizondom    

Carlos Elizondo Mayer-Serra, politólogo (Oxford) e internacionalista (El Colegio de México), se ha dedicado a investigar la tensión que existe entre lograr gobernarnos democráticamente y crecer económicamente. Su más reciente libro, Los de adelante corren mucho: Desigualdad, privilegios y democracia, discute esta tensión para el caso del continente americano. Es profesor de la Escuela de Gobierno y Transformación Pública del Tecnológico de Monterrey. 

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