EN CORTO… SIN CORTES. CÓMO CONOCÍ AL PAPÁ DE ELEAZAR GUERRERO

Anuncios
Anuncios

José Ortíz Medina

Corría el año de 1987 cuando conocí a Don Julio Guerrero Durán. Yo cursaba el primer año de la licenciatura en Letras Españolas, en la Universidad Veracruzana. Eran tiempos juveniles, tiempos de fuerza y vitalidad. En el aula universitaria conocí a Rocío, compañera y amiga, quien por razones de la vida ya no coincidimos después. Ella es hija de Don Julio, quien llevaba una armoniosa vida en familia con su esposa e hijos. Recuerdo, como si fuera ayer, que el padre de Rocío era un hombre trabajador, transparente, honesto y ocupado en cumplir los deberes de padre y cabeza de familia. El hombre de tierno mirar día a día salía de casa para conducir un taxi y buscar el sustento de la familia. Cuando la amistad entre Rocío y yo era estrecha, ella -siempre que podía- evocaba a uno de sus hermanos de nombre Eleazar. En realidad no recuerdo ningún encuentro con él, pero a una persona con ese nombre es difícil olvidar. Lo que sí me llega a la memoria es que a principios de los años ochenta la familia de mi amiga y de Eleazar vivían en una casa modesta en la calle de Camerino Z. Mendoza, allá por el rumbo de la calle Independencia, casi para entroncar con Lázaro Cárdenas, cerca de Plaza Crystal. Yo intuía que ese modesto inmueble era rentado. Con el paso del tiempo, Don Julio y su familia se mudaron a la colonia Carolino Anaya, a una casa de dos niveles, construida con mucho sacrificio. Era un inmueble modesto que mucho tiempo estuvo sin repellar. Muchos años estuvo así, con los ladrillos al desnudo. Pero ya era de ellos, ya no había que sufrir con el pago del arrendamiento, con el que tanto fastidian los dueños de casas o vecindades.

Pasaron los años y el irremediable paso del tiempo hizo que los dejara de ver, frecuentar y convivir. No supe más de esa familia de buen recuerdo. Más de tres décadas han transcurrido. Desde el oficio en el cual me he desarrollado en ese mismo tiempo, hoy el destino me permite ver, de lejos y en la polémica, al mismo Eleazar. Lo reconocí porque la foto que circularon en redes sociales, y abraza tiernamente a Don Julio, me hace confirmar que es el mismo hombre de mirar sombrío. No sé si tenga parentesco directo con Don Atanasio García Durán, el padre del gobernador de Veracruz Cuitláhuac García, y de ahí crucen el lío político que se ha generado. Lo que sí sé es que el Ejecutivo Estatal se comprometió a investigar el tema desde la Contraloría General y prometió que se actuará como lo dicta el marco legal. Mientras tanto, el portentoso guerrero lucha contra los señalamientos de nepotismo, tráfico de influencias y otros pecados más. Cuitláhuac  García tiene la oportunidad de demostrar que es un hombre honesto, tal y como lo cree el presidente Andrés Manuel López Obrador. Vamos a esperar. Estaremos expectantes.

Publicidad