Guadalupe Loaeza*

“¿Qué tipo de Presidente tenemos”, se preguntaba angustiada Marisol Tapia, madre de Brandon Giovanni, de 12 años, muerto en el accidente de la Línea 12 el pasado 3 de mayo. Tiene razón doña Marisol al preguntarse lo anterior. Resulta inimaginable que el mandatario de la República Mexicana, elegido democráticamente por más de 30 millones de ciudadanos, exclame: “¡Al carajo…!” cuando se le pregunta por qué no acudió a la zona del accidente, que cobró la vida de 26 víctimas. “No es ese mi estilo, eso tiene que ver con lo espectacular y lo que se hacía antes, no me gusta la hipocresía. Estoy pendiente, estoy solidarizándome con los familiares de las víctimas, me duele mucho, pero esto no es de irse a tomar fotos”. Contestó un señor que sale en la televisión todas las mañanas, un hombre envejecido, de pelo blanco, con la tez acartonada, con la voz aguardientosa y con un rictus de amargura y de resentimiento en las comisuras de los labios.

Fuera de broma, “¿quién es ese tipo?”, me pregunto cuando lo veo en los noticiarios. “¿Cuál será realmente su personalidad tan obtusa? ¿Por qué percibo tantos demonios alrededor de su pequeña persona? ¿Quién será ese señor con tanto poder, totalmente insensible e incapaz de mostrar la mínima empatía por los muertos y sus familiares a causa del derrumbe del Metro? ¿Por qué ese señor vomitó ese terrible exabrupto tan fuera de lugar acerca de la pérdida de 26 mexicanos y cerca de 80 heridos, que viajaban en el momento que se derrumbó el Metro? ¿De verdad es el Presidente de 126 millones de mexicanos? ¡¡¡Noooooo!!! No lo puedo creer. ¡¡¡Im-po-si-ble!!! ¿Quién sabe quién será ese señor que se pasa el tiempo insultando, dividiendo y censurando a todos aquellos que no están de acuerdo con él? Imposible que sea el jefe del Ejecutivo, porque un Presidente no se mete en las elecciones de su país, ni aprovecha sus discursos para apoyar a sus candidatos, como hace él todas las mañanas. Es de no creerse lo que leí en mi periódico, que en las cuatro conferencias realizadas del martes 4 al viernes 7 de mayo, le dedicó “30 minutos al cuestionamiento del grupo Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad, 20 a cuestionar las tarjetas rosas que reparte el candidato del PRI a la gubernatura de Nuevo León, y 17 minutos a criticar a la prensa aseverando que pasa por el peor periodo en su historia”. ¿Cuánto tiempo les dedicó a las víctimas de Tláhuac, entre pésames y palabras dizque de solidaridad? ¡¡¡Seis minutos!!! No diez, sino tristes seis minutos. ¡¡¡El colmo!!!

Por eso me pregunto, ¿de dónde habrá salido ese señor tan poco solidario y sensible? Pero eso sí, hay que entrarle, con mexicana alegría, a las tlayudas, a los plátanos machos con nata, a los frijolitos refritos “suculentos y deliciosos…”. Lo demás que se vaya al carajo, es decir, los muertos del Metro, la creciente violencia del narcotráfico, la crisis económica, la venta de armas, de drogas, los feminicidios, desaparecidos, las relaciones cada vez más tensas con Estados Unidos, la pandemia, etcétera, etcétera. Y mientras ese señor comía y comía sus tlayudas, seguramente no muy lejos de donde se encontraba, siguiendo los usos y costumbres de la zona mixe de San Juan Guichicovi, un padre de familia estaba vendiendo para casarse a una de sus hijas de 14 años por 5 mil pesos, como reportó Reforma. Por otro lado, cómo se puede ufanar ese señor, a través de un video, de las delicias gastronómicas, si nuestro país ocupa el segundo lugar de obesidad.

¡¡¡Basta, basta!!!, no hablemos más de ese señor. Además de ser totalmente tóxico, resulta ser una pésima influencia. Llevo tres días mandando “al carajo” a los que me llaman por teléfono, cada dos horas, para el pago atrasado de la hipoteca de una señorita llamada Sanjuana Martínez. Precisamente, ayer, una vez que expliqué a la señorita que me llamó que yo no era Sanjuana Martínez, desesperada le pregunté: “¿Quiere que le diga como dice el Presidente?”. Enseguida, se hizo un silencio y me contestó: “Ay no, señora, por favor, no pronuncie esa palabra”. La verdad es que me llamó la atención que estuviera tan informada. Confieso que por culpa de ese señor, me he vuelto muy mal hablada. Tampoco yo quiero ser hipócrita. No es mi estilo. Así es que le sugiero vaya con un psiquiatra para que le ayude a manejar su depresión, angustia y su coprolalia.

Por último, les pregunto a los lectores: “¿Qué tipo de Presidente tenemos?”.

gloaezatovar@yahoo.com   

  • Descubrió quién es gracias a la escritura y al periodismo. Ha publicado 43 libros. Se considera de izquierda aunque muchos la crean “niña bien”. Cuando muera quiere que la vistan con un huipil y le pongan su medalla de la Legión de Honor; que la mitad de sus cenizas quede en el Sena y la otra mitad, en el cementerio de Jamiltepec, Oaxaca, donde descansan sus antepasados. Sus verdaderos afectos son su marido, sus hijos, sus nietos, sus amigos y sus lectores

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