Manuel J. Jáuregui

El IMSS dio a conocer las cifras que ellos han visto respecto al DESEMPLEO y éstas son aterradoras. En pocas palabras: estamos registrando los peores índices de desempleo en el País desde que se llevan registros. Ello tanto en empleos formales como en informales: ambos cerraron el 2020 con una pérdida superior al 3 por ciento.

Aunque esta cifra es respecto al 2019, año en el que el empleo ya venía a la baja, lo importante es que México -antes de la pandemia- requería crear cerca de un millón de empleos anuales más, para poder enfrentar la demanda del crecimiento poblacional. La tragedia es, por tanto, no solo que se ha perdido un número de empleos récord, sino que adicionalmente se dejaron de crear empleos, que es lo mismo que dejar de crear oportunidades. Entre ellas la de elevar el nivel de vida de la población.

Estamos como los protagonistas de la obra absurdista “Esperando a Godot”, de Samuel Beckett, en la que dos amigos se la pasan charlando esperando a que llegue un tercer amigo, Godot, QUE NUNCA LLEGA. Nos referimos a la promesa presidencial de la creación de dos millones de empleos en el 2020. ¿Dónde están?

La realidad es que no existen, pues no se puede confundir el crear un listado de receptores de dádivas gubernamentales, con el abrir una plaza concreta, sólida, bien pagada en el mercado laboral. Paradójicamente no solo se puede afirmar que el Gobierno ha fracasado en la meta, sino que en la realidad

NI SIQUIERA HA INTENTADO. A lo más que ha llegado es a adjudicarse como propias las inversiones que grandes empresas del sector privado tenían contempladas para el 2021 y presentarlas como un logro gubernamental.

El pequeño detalle es que la mayor cantidad de empleos no los crean las grandes empresas, sino las PYMES, esas a las que este Gobierno DECLINÓ apoyar. Con tanto desempleo, con tantos nuevos pobres, imposible es afirmar con mínima credibilidad que “vamos bien”. Muy por el contrario, México está en retroceso, y no nada más en lo económico. Mismo que es totalmente imputable al mal Gobierno, a uno que opera con un conjunto de prioridades alrevesadas, a uno que le preocupa más concentrar el poder político que elevar el nivel de vida de todos los mexicanos, no solo de los que son “clientes” del movimiento político que encabeza el Presidente.

Cada día se torna más evidente que existe en el Gobierno una animadversión ideológica y muy patética en contra del sector privado nacional. Y esto en todas las ramas, desde industrial, comercial, hasta educacional y de SALUD.

Ayer amanecimos con la novedad de que ahora, de acuerdo al Evangelio según López, hay tal cosa como “Doctores del pueblo y Doctores Fifí”. Si no fuera trágico, como la tragicomedia de Beckett, resultaría risible. México requiere de TODOS los mexicanos para juntos vencer los retos que enfrentamos y que nos afectan a todos por igual. Salir al aire con esas frivolidades de ideologías obsoletas no solo resulta antediluviano, sino contraproducente.

Para empezar: el mismo Presidente está vivo gracias a los “Doctores Fifí” (cardiólogos que le salvaron la vida cuando tuvo un infarto). Acudir a ellos cuando estuvo en apuros y ahora pretender insultarlos porque osan criticar el desmádere de programa de vacunación nos parece el colmo de la hipocresía. Mas no es esto lo más grave, lo grave es que se desperdicie el incalculable beneficio del capital humano y material del sistema de salud privado que hay en México.

Desperdiciar la investidura y el púlpito en descalificar, en insultar, en agraviar y denostar a simples ciudadanos, en lugar de impulsar la causa México por el sendero del progreso, del bienestar y de la SALUD, nos parece un despropósito muy, pero muy, equiparable al de Donald Trump, pues parte de un narcisismo para el cual no hay cabida en quien dirige los destinos de una Nación plural, diversa, rica en materia prima y capital humano.

Y con esto nos referimos a México. Pobre México, tan lleno de ideas mafufas y tan escaso de hechos concretos que avancen su causa progresista.     

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