Isabel Turrent*

Como Trump no tiene ni estrategias a largo plazo ni valores, sus aliados pueden hacer en el ámbito doméstico lo que sea si apoyan los intereses de EU

Al parecer, López Obrador está esperando tan sólo que Trump destruya la democracia estadounidense y convenza a algunos estados de cambiar ilegalmente a sus electores a última hora para impedir la llegada al poder de Joe Biden, el presidente electo por una mayoría de votos electorales y de votantes, para reconocer el triunfo del demócrata.

El apoyo abierto de López a Trump ha colocado a sus muchos seguidores de izquierda a un paso del brinco al abismo ideológico del populismo nacionalista de ultraderecha. Todos aquellos lopezobradoristas que sueñan con una dictadura castrista, añoran al Che Guevara, detestan la ciencia neoliberal (whatever that means) y buscan erigir una economía estatista centralizada, tendrán que enfrentar que han pasado de apoyar una renovada Internacional socialista -inspirada en un sovietismo trasnochado- a una Internacional populista encabezada por Trump.

La alianza de López con Trump nos ha colocado en el exclusivo club de déspotas, autoritarios y antidemocráticos que, como López, han adoptado no sólo la retórica divisiva y cargada de prejuicios de Trump, sino sus ataques a la prensa (portadora siempre de fake news) y a las “élites liberales” (llamadas aquí conservadoras) y sus principios ideológicos.

No es difícil encontrar los valores que este gobierno comparte con quienes apoyan el golpe de Estado que Trump pretende llevar a cabo en Estados Unidos. El presidente ruso Vladimir Putin es el ganador neto del gobierno de Donald Trump. No sólo lo liberó de cualquier sanción por su participación en la elección del 2016 contra Hillary Clinton, y por reprimir a sus opositores, sino que ha debilitado a la Unión Europea y a la OTAN, los principales contendientes por la hegemonía política que Putin busca imponer en Europa y Asia Central. Por si eso fuera poco, le dio mano libre para emprender una guerra en Ucrania, reconoció la anexión rusa de Crimea y ¿por qué no? el permiso tácito de intervenir a placer en el Medio Oriente.

Para Trump no hay aliados tradicionales de EU que defender, y la lucha contra los inmigrantes ilegales es un acto de fe. Permitió que Recep Tayyip Erdogan, el dictador turco, avasallara a los kurdos sirios y debilitara a la OTAN comprando equipo militar a Rusia, y que el gobierno de Orban en Hungría tomara todos los hilos del poder y cerrara sus fronteras a los inmigrantes que huían de los horrores de la guerra civil en Siria. En India ha apoyado al gobierno hinduista de Narendra Modi y sus campañas antimusulmanas y, en Israel, a Netanyahu y a la ocupación israelí de las tierras palestinas.

La contribución de Trump al orden internacional, escribió hace días Philip Stephens en el Financial Times*, ha sido destruir lo que quedaba de la autoridad moral estadounidense. Y, cabe agregar, de la legitimidad de las instituciones que son el cimiento del orden global de posguerra. No hay pactos internacionales que respetar: Trump denunció el acuerdo para contener el avance nuclear de Irán y abandonó el Pacto de París para luchar contra el cambio climático.

La diplomacia trumpiana, centrada en las relaciones personales y acuerdos bilaterales informales, ha resultado muy conveniente para los miembros de la Internacional populista de derecha que encabeza, el gobierno de López Obrador incluido. Como Trump no tiene ni estrategias a largo plazo, ni valores, cada uno de sus aliados puede hacer en el ámbito doméstico lo que le plazca a cambio de apoyar en el exterior los intereses de Estados Unidos. López Obrador comparte el desprecio de Trump por las instituciones y los acuerdos internacionales. Se ha beneficiado de las negociaciones personales tras bambalinas, que son su territorio natural (y ahí está la liberación del general Cienfuegos como muestra) y, sobre todo, ha emprendido el desarrollo de una industria energética contaminante, que quema combustóleos y carbón, al amparo de la retórica trumpiana que niega el cambio climático.

A todos les espera un escenario político muy diferente con Joe Biden.

* “Why autocrats are lining…”.

  • Estudió Historia del Arte en la UIA y Relaciones Internacionales y Ciencia Política en El Colegio de México y la Universidad de Oxford, Inglaterra. Ha publicado cinco libros sobre asuntos internacionales, y en el 2006, La aguja de luz, una novela histórica sobre Mallorca. Es colaboradora de Letras Libres y editorialista de Reforma desde su fundación. Ha impartido cátedra en las principales universidades del país sobre temas internacionales.
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