Jorge Volpi*

Rafael Lemus es una anomalía: mientras cientos de intelectuales han transitado del radicalismo de izquierda hacia posiciones liberales -o de derecha-, él ha seguido, de manera vertiginosa, el itinerario inverso. Tras una temporada como secretario de redacción de Letras Libres, en la cual parecía aspirar a convertirse en el angry young critic que sucedería a Christopher Domínguez, encarnando la ideología y los abruptos modos de comportarse del grupo, tuvo su propio camino de Damasco, se alejó drásticamente de sus antiguos jefes y colegas, optó por una carrera académica en Estados Unidos y hoy, como profesor en la Universidad Estatal de California en Fresno, publica un lúcido ensayo sobre cómo algunos de nuestros más destacados intelectuales -con Paz, Zaid, Krauze y Aguilar Camín a la cabeza- contribuyeron a legitimar y asentar el neoliberalismo en México.

En Breve historia de nuestro neoliberalismo (2021) -título desafortunado, pues se centra en sus guerras culturales sin profundizar en sus causas políticas, sociales o económicas-, Lemus revisa las metamorfosis ocurridas en el entorno de Octavio Paz, de Plural a Vuelta, que lo alejan cada vez más del socialismo de su juventud y, por influjo de Zaid y Krauze -uno económico, el otro ideológico-, lo acercan al liberalismo y a sustentar las políticas neoliberales de De la

Madrid y Salinas. Si bien yo he defendido que Paz se resistió a abandonar del todo su formación y que en sus últimos días, en pleno alzamiento zapatista, experimentó una honda nostalgia hacia ella, Lemus acierta en que su desconfianza hacia el mercado no le impidió justificar todo tipo de políticas neoliberales en virtud de su virulento rechazo a la izquierda que veía como cómplice del autoritarismo comunista.

Aun con reticencias, el discurso de Paz se acomoda por completo al cerrado marco de la democracia liberal y asienta el modelo de pensamiento único que nos acicatea desde entonces. Conocedor del monstruo desde dentro, Lemus mantiene la acidez argumentativa de Letras Libres, pero su minucioso análisis de los últimos artículos de Paz descuida los ensayos literarios y los poemas que éste escribió en sus últimos años, donde sus contradicciones internas son más visibles y acaso más trágicas.

Pero si Paz termina retratado como un héroe hamletiano del neoliberalismo triunfante, no hay duda de que Zaid y Krauze, de un lado, y el grupo Nexos, del otro, fueron sus más poderosos artífices. Como bien documenta Lemus al referirse a la polémica en torno al Coloquio de Invierno, Nexos y Vuelta, durante años rivales ideológicas -una, como foro de la izquierda universitaria; la otra, cada vez más militantemente liberal-, para ese momento ya se hallan en el mismo lado del espectro y sus escaramuzas -avivadas por la ruptura de Paz y Fuentes- apenas buscan definir quién posee el mayor capital simbólico para acompañar el viraje neoliberal que Salinas le impone al país. A uno de cuyos emblemas Lemus dedica otro capítulo: la exposición México: esplendor de treinta siglos, la gran operación del Estado mexicano que, a punto de celebrar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, reinventa toda nuestra historia cultural para presentarnos como una sociedad siempre dispuesta a aceptar los intercambios comerciales.

Frente a un sistema que todo lo engulle, Lemus dedica dos ensayos a sus adversarios: el EZLN, con su permanente tensión entre cambiar al mundo sin llegar al poder o participar en los mecanismos de la democracia formal -y como ejemplo único de auténtica disidencia: la autoorganización de los Caracoles- y Carlos Monsiváis, cuyo interés final por el liberalismo decimonónico intenta arrebatárselo a los neoliberales. Hoy, cuando el campo intelectual se divide entre los fanáticos de AMLO y la renovada unión de Letras Libres y Nexos, Lemus esboza una posibilidad sombría cada vez más real: la de que el actual gobierno sea ferozmente antineoliberal solo en su retórica mientras normaliza, silenciosamente, todas sus estructuras.

@jvolpi

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