Sergio Sarmiento*

“El que una nación trate de lograr la 

prosperidad a base de impuestos es 

como pararse en una cubeta y tratar 

de levantarla de las asas”.

Winston Churchill

Parece maravilloso que el gobierno busque una reforma tributaria que eleve la recaudación sin aumentar impuestos y que cobre más solo a quienes evaden el fisco. El problema surge cuando nos percatamos que las cifras están equivocadas y que la reforma puede destruir buena parte de la actividad económica y dañar a toda la sociedad.

Raquel Buenrostro, jefa del Sistema de Administración Tributaria (SAT), ha anunciado que promoverá una reforma fiscal, solo una “miscelánea”, para recaudar 200 mil millones de pesos adicionales en 2022. “No va a ser una reforma fiscal en el sentido tradicional, porque no implica el aumento de impuestos ni la generación de nuevos… Se está buscando justicia fiscal y que todo [el] mundo pague lo que tiene que pagar, lo justo de acuerdo con sus ingresos”.

Los 200 mil millones de pesos serían solo el “primer saque”, afirma. La idea de largo plazo es obtener hasta 700 mil millones de pesos adicionales de los grandes contribuyentes, 500 mil millones del contrabando y la informalidad y 200 mil millones del comercio exterior y las aduanas. Esto daría un gran total de 1.4 billones de pesos anuales. No está mal si consideramos que para este 2021 se programó un gasto neto total de 5.3 billones.

La mayor parte del esfuerzo será exprimir a los grandes contribuyentes. El año pasado, según Buenrostro, estos solo pagaron una “tasa efectiva” de 1.3 por ciento, un monto insignificante ante el 25.4 por ciento de las personas físicas o el 11.4 por ciento de sueldos y salarios.

Esta supuesta tasa efectiva, sin embargo, es un engaño. Surge de confundir las utilidades con los ingresos, lo cual no hace nadie con un conocimiento básico de contabilidad. La tasa efectiva sobre los ingresos, en vez de las utilidades, no considera que las empresas deducen sus gastos de sus ingresos antes de declarar utilidades. Si realmente se aplicara a las empresas una tasa efectiva de 30 por ciento sobre sus ingresos, sin deducciones, todas quebrarían. Y ya ninguna pagaría impuestos.

México tiene uno de los impuestos corporativos más altos del mundo, con 30 por ciento sobre utilidades (sin considerar el 10 por ciento de reparto de utilidades y el 10 por ciento de pago de dividendos). Donald Trump bajó el de Estados Unidos de 39 por ciento a 21 por ciento, aunque con los impuestos estatales sube a 27 por ciento. En Suecia es de 20.6 por ciento, en Suiza de 14.93 y en Irlanda de 12.5 (cifras de KPMG). Los países desarrollados han entendido que es mejor tener impuestos bajos para las empresas, porque generan empleos y actividad económica, y saben que, en realidad, las empresas nunca pagan impuestos: o los trasladan a los consumidores o quiebran.

Es verdad que México necesita una verdadera reforma fiscal, pero no para subir los impuestos de las empresas, sino para hacerlos más sencillos, equitativos y transparentes. Hay una enorme complejidad en el sistema tributario. Las reglas son tan complicadas que los grandes corporativos toman ventajas, porque tienen ejércitos de abogados y contadores, pero las pequeñas y medianas quedan indefensas.

Aplaudo que el SAT quiera lograr una mayor justicia fiscal. La forma de hacerlo, sin embargo, no es perseguir a los grandes contribuyentes, sino reducir las tasas, eliminar los tratos preferenciales, simplificar las reglas y facilitar los trámites. Esto nos daría a todos más empleos y prosperidad… y al gobierno una mayor recaudación.

· REFORMAS

El Presidente dice que solo necesita tres reformas constitucionales en la siguiente legislatura: restablecer el monopolio de la CFE (y supongo de Pemex), reformar el INE y hacer que la Guardia Nacional forme parte de la Sedena. Habrá que ver si logra las mayorías calificadas para las tres.

@SergioSarmiento     

Licenciado en filosofía por la Universidad York de Toronto. Director editorial de Encyclopaedia Britannica en Latinoamérica y España de 1978 a 1994. Dirigió la Enciclopedia Hispánica. Colabora con El Norte desde 1989 y Reforma desde 1994. Fue vicepresidente de noticias de TV Azteca. Conduce La Entrevista con Sarmiento y otros programas de radio y televisión. Caballero de la orden de las letras y las artes de Francia.

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