Javier Roldán Dávila

Érase un político que todo el despecho que percibía lo convertía en votos 

El enroque promovido por Dante Delgado, que implica dejar la coordinación del grupo senatorial de Movimiento Ciudadano para regresar a la dirigencia nacional y cederle su lugar, precisamente, a Clemente Castañeda, es una carambola de tres bandas. 

Sin la camisa de fuerza de su actividad legislativa, Dante se dedicará a recorrer el territorio nacional para hacer un diagnóstico político-electoral de cara al 2024. 

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Desde luego, esto pasa por los seis procesos estatales que se realizarán en 2022, en los mismos, el alvaradeño hará lo que mejor sabe: captar a todos los agraviados que no toquen candidatura y que impliquen un buen caudal de votos. Una pepena hormiga, digamos. 

Con las canicas ya obtenidas, más las que se acumulen, el señor Delgado llegará a negociar, en el 2024, con quien haya que negociar y justo, el avance territorial que logre, será su mejor mercancía, un gozne aceitado que podría abrir las puertas del Palacio Nacional. 

Con su estrategia pendular de alianzas, el alumno de don Fernando se convirtió en un referente obligado a la hora de planear comicios, lo mismo lo cortejan chairos que fifís. Calladito, ya se hizo más necesario que Elba o los Verdes, por citar un par de ejemplos. 

Pian pianito, el referido avanzará como la humedad y no olvidemos, que su corazoncito late por Veracruz, lo cual puede convertirse en un sueño dantesco para los aprendices de brujo. 

Al final, ultrajará a la autoridad jarocha con la anuencia del árbitro, cuestión de tiempo.

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